Europa respalda el sistema de incineración de residuos de Sogama
CARBALLO
Las instalaciones termoeléctricas?se ajustan a una rigurosa normativa
30 dic 2010 . Actualizado a las 02:00 h.Hace diez años, cuando el complejo medioambiental de la Sociedade Galega do Medio Ambiente (Sogama) echó a andar en Cerceda, fueron muchas las voces críticas que se levantaron contra el sistema de gestión de residuos elegido por la Xunta. La incineración, que se lleva a cabo en la planta termoeléctrica, se convirtió en el blanco de todas críticas y hoy, una década después, todavía son muchos los que consideran que no es el método más adecuado. Sin embargo, la incineración con recuperación de energía ya no forma parte del debate político y ecológico en los países europeos más desarrollados. Incluso determinados movimientos ecologistas como Los Verdes, en Alemania, han reconocido en sus productos finales, energía eléctrica y calor, el auténtico valor de los residuos que no pueden ser sometidos a reciclado. Según los datos que maneja la Unión Europea, en el 2008 se incineraron en su territorio 69 millones de toneladas de residuos urbanos. La quema se llevó a cabo en más de 400 instalaciones, proporcionando electricidad a 13 millones de habitantes y calor a otros 12 millones. El resultado fue una producción energética que ha sido calificada de renovable, tanto por la Directiva de Residuos 2009, como por el nuevo Plan de Acción Nacional de Energías Renovables de España 2010-2020, y con la que se ha logrado sustituir en Europa entre 7 y 38 millones de toneladas de combustibles fósiles (gas natural, fuel y carbón). En opinión de los responsables de Sogama, los grupos que han intentado denostar la valorización energética de la fracción resto han tomado como referencia las incineradoras de antaño, «para las que apenas existían limitaciones legales, no estando supeditadas a los rigurosos controles de los niveles de emisión, como acontece actualmente». Normativa Durante los últimos años, señalan, ha emergido una estricta legislación ambiental que pone en el punto de mira a las incineradoras, a las que se aplica la normativa más estricta. Tanto es así, que a día de hoy este tipo de plantas son, en el marco del sector industrial, las más vigiladas en sus aspectos medioambientales, lo que garantiza un funcionamiento respetuoso con el entorno y la salud pública. Incluso la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha definido la incineración como «un método higiénico para reducir el peso y el volumen de los residuos que también reduce su potencial contaminante» y como «una de las estrategias que pueden emplearse para asegurar que los residuos se manejan de una forma ambientalmente sostenible». Además, concluyen que «debido a esto, es técnicamente posible ubicar las incineradoras cerca de áreas densamente pobladas». Según datos publicados por Eurostat, en el entorno comunitario, alrededor del 23% de los desechos urbanos producidos se destinan a reciclaje, un 17% a compostaje, un 20% a incineración y un 40% acaba en los vertederos. Entre los países calificados como «más avanzados», podría mencionarse el caso de Dinamarca, con un índice de incineración del 54%, Suecia (49%), Holanda (39%), Alemania (35%) y Austria (27%). Aumenta el reciclaje La valorización energética ha crecido en Europa en torno a un 60% en 12 años; pero eso, lejos de suponer un retroceso para el reciclaje ha tenido incluso un efecto contrario, ya que en ese período también ha aumentado la recogida selectiva. Así, los datos oficiales ponen de manifiesto que los países más desarrollados y distinguidos por su conciencia ambiental, son los que más incineran, pero también los que más reciclan, con unas cotas de recuperación situadas entre el 48% y el 24%. Ello ha hecho posible, además, que estos Estados hayan conseguido disminuir en gran medida el porcentaje de vertido, moviéndose en unos índices situados entre el 1% y el 4%.