El GAC Costa da Morte celebró ayer en Fisterra una jornada de promoción del pescado y el marisco locales
07 dic 2010 . Actualizado a las 02:00 h.El GAC Costa da Morte, dentro del programa Cómete o Mar, recaló ayer en Fisterra con unas jornadas de promoción de la pesca y el marisqueo locales, una cita que ya había pasado previamente por Muros y Noia y con la que el CAG, según explicó su responsable, Manuela Oviedo, buscaba poner en valor los productos de la pesca y el marisqueo de la Costa da Morte.
No hicieron falta muchas palabras para convencer al medio centenar largo de personas que asistieron al acto para dejar claro que el mar en la comarca goza de excelente salud.
El encuentro fue en la lonja de Fisterra, donde parte de la planta superior se convirtió en un improvisado pero bien organizado restaurante, con una elegante cocina y con mesas elegantemente cubiertas por manteles de hilo y cubiertas de copas.
Los honores los hicieron Xoán y Xosé Cannas, uno jefe de sala y otro cocinero jefe del restaurante Pepe Solla. Uno Nariz de Oro y el otro responsable de haber llevado al establecimiento una estrella Michelín. Con esos anfitriones, el éxito final era esperable.
Arrancaron la defensa del mar gallego con una sardina escabechada en hierbabuena y canela acompañada por una cerveza de trigo francesa. Siguieron con un champán del sur de Reims con pinot noir entre sus variedades de uva para acompañar un erizo en su concha con manzana. Siguió la degustación de maridajes con un centollo -cocido con solo tres minutos de hervor- acompañado por un Riesling germano. Continuó la fiesta con un tartar de jurel regado con una copa de Lousame, un Valdeorras blanco de grato paladar, y culminó la cita con un guiso de pulpo animado por un Goliardo, un bodega que emplea la variedad Caíno para lograr un suave tinto de la denominación Rías Baixas.
Todo con las explicaciones sobre la marcha de los dos restauradores y con un eficiente servicio de mesa.
Xosé Cannas insistió en la importancia de que el pescador conozca lo que se hace en la cocina con el fruto de su trabajo para que se implique en el cuidado del producto, para que trate con mimo lo que saca del mar. Se está logrando, dijo, una trazabilidad controlada del océano a la mesa. Defendió también los pescados más modestos como manjares a la altura de los clásicos.
No hizo falta una defensa muy encendida de sus postulados. Las alabanzas y el silencio entre los comensales dejó bien claro que el mar gallego funciona. Sobre todo si pasa por buenas manos.