Flores perpetuas contra el olvido

M. V. CARBALLO/LA VOZ.

CARBALLO

Amigos y familiares de las víctimas de accidentes de tráfico recuerdan a sus difuntos con homenajes que marcan los puntos negros de las carreteras de la Costa da Morte

04 nov 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

María Jesús Lema Martínez, natural de Xaviña (Camariñas), y su hijo de dos años, Martín Vázquez Lema, perdieron la vida en un horrible accidente de tráfico. Ocurrió el día de Navidad del año pasado, cuando el coche en el que viajaban se empotró contra otro vehículo en una recta de la AC-552, a la altura de Caxadas (Vimianzo). El suceso conmocionó a sus vecinos y destrozó a sus familiares, que día tras día siguen recordando la tragedia. La recuerdan ellos y todos los automovilistas que pasan por el kilómetro 70 de la comarcal, donde un pequeño ramo de flores amarillas marca el punto exacto del accidente. A su alrededor hay, además, algunos geranios plantados y recipientes vacíos que en su día también contuvieron flores contra el olvido. El de Caxadas no es el único punto negro de la red viaria de la Costa da Morte en el que amigos y familiares homenajean a sus difuntos. Los ramos, en muchos casos de plástico perpetuo, ejercen también como alarma para los automovilistas que los divisan y que, inconscientemente, no pueden evitar pisar el freno al darse cuenta de que las flores no son un adorno, sino la muestra de que en ese lugar se perdió una vida. O varias. Es el caso de Iago y Roberto, dos jóvenes de 24 y 34 años que murieron en julio del 2007 en la conocida como Recta do Mutilado, otro punto negro de la AC-552 a su paso por Coristanco. El coche en el que ambos viajaban invadió el carril contrario y chocó de frente contra un tráiler cargado con bombonas de butano. El lugar en el que ocurrió la tragedia hay siempre flores frescas y hace solo unos días, coincidiendo con la celebración de Difuntos, aparecieron dos nuevos ramos en los que una cinta recuerda el nombre de los jóvenes. A unos kilómetros de allí, en el punto 18,8, justo a la salida de Paiosaco, otro adorno floral atado a un poste marca el lugar exacto en el que el bielorruso Aliaksandr Tsitkou falleció el pasado mes de junio. También en una colisión frontal. Más difícil resulta averiguar a quién corresponden las flores depositadas en una de las curvas de O Carrizal, en Coristanco, otro perpetuo punto negro de la Costa da Morte, donde demasiados conductores han sufrido algún percance, en muchos casos mortal. O en la pequeña glorieta del cruce de Leiloio, en la AC-418 (Carballo-Buño), donde dos pequeños centros recuerdan a diario que ese lugar, escenario de múltiples sustos, también se ha cobrado vidas. Vidas que sus familiares y amigos no pueden ni quieren olvidar. Porque duele demasiado.