Crisis, orines y bombas

La Voz

CARBALLO

Además de la crisis que nos atosiga con la deuda pública, el déficit, las reducciones salariales y la reforma laboral, en este rincón de Occidente vivimos la semana entre quejas causadas por los hedores de los orines, la gravilla en las rúas y el susto de una bomba que no era tal pero que movilizó a la ciudadanía baiesa en un despliegue sin precedentes en las tierras nerias por parte de las fuerzas de seguridad del Estado.

Cuando ya estamos pendientes del solsticio de verano y de la inauguración de las celebraciones del San Xoán, el fuego purificador de las cachelas y las sardinas asadas, Europa entera está pendiente de los mercados financieros pero en la Costa da Morte vivimos con mucho más ahínco nuestros propios reconcomios.

¿Será la crisis, pues, o una decisión técnica acertada la que ha llevado al Concello de Carballo a rebachear varias calles con galipote y guijo? El asunto ha levantado polvareda, tanta como grava. Puede que el aglomerado en caliente sea ya un lujo asiático que nuestros concellos disfrutaban no hace mucho cuando llegaba dinero a espuertas de Madrid, pero Bruselas mandó a parar. El también llamado «pichi» era no hace mucho gran solución en pistas y corredoiras, pero deja mucha piedrecita suelta y en el centro de la capital de Bergantiños, ya no digamos. Resulta, cuando menos, incómoda. Como fuera de tiempo, con crisis y todo. Es demasiado molesta e indómita. Los rectores del consistorio no habían dado en que, por el San Xoán, las gravillas dan mal andar con tacones de aguja y zapatos de suela. Como se tuerzan algunos tobillos durante las procesiones ya pueden esperar los munícipes las correspondientes reclamaciones a pie de ventanilla.

Sin embargo, la noticia de verdadero impacto saltaba el lunes. Muchos de los asistentes al primer concierto del San Xoán, el Ronkin, ponían el grito en el cielo, y con mucha razón, porque las autoridades locales no habían previsto dónde poder evacuar aguas durante una noche tan larga. Los bares cerraron y las necesidades se pusieron de manifiesto. Los asistentes al festival musical tuvieron que buscar acomodo en las vallas de las obras del mercado, a las que se les halló su primera y gran utilidad, mientras que las asistentes se vieron obligadas a refugiarse en el portal del supermercado Froiz o las galerías de la plaza. Pero no fueron los únicos. Los taxistas desvelaron que son ellos los causantes de los hedores que muy a menudo expelen los muros del atrio de la iglesia. Y hete ahí que ponen en evidencia la carencia de sanitarios públicos en la capital de Bergantiños y, con permiso, el principal centro urbano de la Costa da Morte.

Viene el San Xoán y demás fiestas del verano y es conveniente que se habiliten aseos públicos. Las plazas de nuestros pueblos carecen todas ellas de servicios. Los centroeuropeos deben alucinar cuando visitan y peregrinan a la comarca. Alemanes, austríacos, suizos y franceses tienen váteres en todas las suyas. En algunos casos, cobran por usarlos, pero los tienen. Aquí, en cambio, aún nos gusta marcar territorio.