Numerosas aceras de la comarca son intransitables

CARBALLO

La estrechez y la ocupación del trazado por postes son sus mayores deficiencias

22 abr 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Los problemas para la movilidad de los peatones en la Costa da Morte son un mal endémico y casi secular en el que las aceras, por su mala distribución y peor mantenimiento, tienen gran parte de la culpa.

En todos los concellos de la zona, sin excepción, existen zonas pavimentadas para el tránsito de las personas en las que se puede hacer cualquier cosa menos caminar. La falta de anchura, los escalones infranqueables y los postes diseminados a modo de barrera imposibilitan el paso por determinados puntos.

En este sentido, el extrarradio del casco urbano de Carballo es el que presenta el mayor número de lugares problemáticos, entre otras cosas, porque ninguna población tiene tantos kilómetros pavimentados. Las farolas, las señales de tráfico y los semáforos requieren de los transeúntes grandes dotes para el slalom olímpico. Aunque, sin duda, si alguna localidad de la zona debe pasar a la historia por sus aceras esa es Malpica. En algunas de las calles del casco urbano, entre las aceras de los dos márgenes no se reúne el ancho suficiente para que pueda caminar un ser humano. Es más, en muchos puntos su presencia resulta prácticamente testimonial y su superficie se limita a las medidas del bordillo.

Las zonas interiores de todas las poblaciones más o menos antiguas como Corcubión, Muxía, Camariñas o Corme también presentan problemas serios, sobre todo, porque la distancia entre los edificios obliga a elegir entre los coches o los vecinos.

Los concellos de espacios abiertos y construcción reciente tampoco se libran de las deficiencias. En estos casos los problemas son otros. Más que la estrechez de las vías, es la urbanización deficiente la que convierte las aceras en campos de obstáculos discontinuos. Los solares edificados y las fincas de labor conviven de manera abrupta sin que se produzca un tránsito razonable entre ambos, de tal manera que el pavimento para los peatones acaba en muchos puntos con un simple escalón.

Evidentemente, todo este catálogo de anomalías tiene unos damnificados preferentes que son, casualmente, las personas más vulnerables en otros ámbitos de la vida. Los ancianos son los primeros en irse al suelo por este motivo, mientras que los padres con carrito o los discapacitados en silla acaban caminando por el asfalto porque no les queda otra.