El único menhir de la Costa da Morte está sin señalizar y el acceso es complicado


El único menhir de la Costa da Morte, y uno de los pocos que se conservan en Galicia, está situado en los montes de A Laracha. En concreto, en los de la parroquia de Erboedo, junto en el límite con los de Santa Leocadia de Loureda, en Arteixo. Esta Pedra Chantada, o Pedra fita, recibe diversos nombres. Los vecinos laracheses lo conocen como Marco do Ramallal, como el nombre del monte en el que se sitúa, pero también como Marco Grande o Pedra do Guicho. No acaban ahí las denominaciones. El célebre arqueólogo gallego Luis Monteagudo García, que lo visitó en 1950 y en 1981 (año en el que lo dibujó) lo identifica como Marco da Anta, lo que hace suponer que en la zona pudo haber una mámoa o un dolmen.

Este investigador y escritor, miembro de la Real Academia de Historia, que fue director del Museo Arqueolóxico de A Coruña (antes que Felipe Senén y José María Bello, y sucesor del primero, José María Luengo), sitúa este monumento en su estudio Menhires y marcos de Portugal y Galicia, un trabajo iniciado en 1949, por encargo del Instituto de Estudios Gallegos Padre Sarmiento, y actualizado más de tres décadas después.

Pese a su importancia, se trata de una piedra que está sin señalizar y a la que resulta un tanto complicado acceder. Son al menos dos los caminos de monte los que llevan hasta sus inmediaciones, uno que parte de la carretera que enlaza la última aldea de Erboedo con Santa Leocadia (se encuentra a unos 600 metros al suroeste de este lugar), y otro que va a dar a este último lugar y que baja hacia el campo de golf de Larín. Es mejor ir acompañado de un vecino para escoger el correcto. Y, si se elige la primera vía, son necesarias las botas de agua, porque las lluvias han dificultado algunos tramos. En cualquier caso, pese a las dificultades, en la actualidad son menores que hace años, ya que recientemente se talaron los eucaliptos de las fincas vecinas, por lo que puede verse a una distancia razonable. Antes estaba totalmente oculto. Además, su posición estratégica, en lo alto (330 metros) de una croa, facilitan la orientación.

Es esta posición elevada unas de las características que llaman la atención, por el dominio que permite del entorno, justo donde acaban las tierras de Bergantiños y empiezan las coruñesas. También es peculiar su forma fálica. Monteagudo la describe: «Está en la divisoria de los municipios de Arteixo y A Laracha, divisoria que sigue hacia el suroeste, hasta la Pedra da Cebola, en la que confluyen dichos municipios y el de Culleredo. Mide 2,05 metros de alto, y es una laja vertical de granito cóncavo-convexa con tendencias al prisma triangular. Su aspecto fálico se debe a que, cerca de la punta, presenta un surco producido por una veta de cuarzo de cuatro centímetros de ancho, continuando en la cara oeste por otro surco de picadas poco perceptibles». Cita también a Carré, quien ya lo había identificado unos años antes, en 1945.

Para los vecinos de la zona, se trata de un hito inmemorial, y para los expertos, un resto arqueológico.

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