«O importante é ter boa saúde»

CARBALLO

La Primitiva le cambió la vida, aunque no tanto, a Elena Ramos y a Antonio Quintela en Cee, y mucho más a Manuel Santos Amigo y a María Elena Tasende

07 feb 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

¿Quién no se pregunta con cierta frecuencia qué se debe sentir cuando le llueve a uno un chaparrón de millones? Pues una gran tranquilidad. Lo dice, por experiencia propia, Antonio Quintela, un vecino de Ameixenda (Cee) que un buen día se topó casi con 1,5 millones de euros.

Él estaba en el paro -trabajaba en la construcción- y aquello le cambió las perspectivas. «Desde entón non traballei máis», confiesa.

También suele preguntarse uno cómo le cambiaría la vida un buen pellizco. Pues a Antonio Quintela poco. Repartió algo entre los hijos, modernizó su casa de Ameixenda y siguió haciendo su vida de siempre. Ni al Caribe ni cosas así. De vez en cuando con los jubilados a Portugal, pero ya dice él que a dónde va a ir si a la familia, a los suyos, los tiene en Ameixenda, donde le gusta estar. Ni tenía coche antes ni lo tiene ahora ni lo piensa tener.

Eso sí, dice a los millones, «que logo se van», cuesta un poco acostumbrarse. «As veces levántaste pola mañá e estás con iso de ir a traballar, ata que caes en que xa non é preciso», dice.

El día que tocó el boleto no se lo creía. Miraba los números y al principio pensó que no era el suyo. Después sí, hubo que asimilarlo. Elena Ramos, con la que jugaba a medias a la Primitiva, estaba con él y empezó a gritar. Bajó la familia pensando que pasaba algo. Y claro que pasaba. Pero de lo bueno.

Ese día estaba en su bar haciendo churros. Llegó el rumor de que había tocado en Cee. «Co cansada que estou hoxe, se me tocara a min non estaría traballando», cuenta que dijo cuando se lo comentaron.

Dice que mal no estaban en la familia. «Pero agora tes outro respaldo», asegura. Cuatro hijos para repartir, comprar algunos pisos y bajos y unas obras de reforma en casa. El bar lo dejó. La lotería, dice, está bien, «pero o importante é ter saúde», dice con total sinceridad. «A mellor lotería que nos tocou -dice hablando con Antonio y compartiendo sentimiento- foron os nosos fillos».

Unas semanas antes de sellar el boleto con los mismos números a los que llevaban jugando tres años estuvieron a punto de dejarlo. «Isto non toca, Antonio», le dijo ella entonces. Pero vaya si tocó.

Desde entonces siguen jugando a los mismos números. Cuatro apuestas por semana. Estarían encantados de que les cayese algo más.

Y de hecho, aquí lo curioso, les tocó otra vez una de cuatro. Y lo más raro. De las cuatro apuestas la premiada fue la misma que tres años atrás.

Muchos piensan que el dinero cambia a la gente y que muchas veces la cambia para peor. Es un rumor muy extendido y, más que nada, una forma de autoconsuelo. Tanto Antonio Quintela como Elena Ramos aseguran ser los mismos de antes. Y se nota, hablando con ellos, que son excelentes personas a las que los euros no se les subieron a la cabeza. La familia sigue trabajando y no hay derroches innecesarios. La misma vida pero con un dulce colchón para parar lo que pueda venir. La crisis, para ellos, debe ser algo extraño y poco amenazador.

El secreto malpicán

Pero no fue Cee el último lugar en el que recaló la suerte en la Costa da Morte. Hace unos meses lo hizo otra vez, con el Gordo de la Primitiva, en Malpica. Y lo hizo con mayor intensidad.

Casi 8 millones de euros y esta vez para una sola persona. Nada que repartir con nadie. Quién le diera al Concello de Malpica tener ese presupuesto este año.

Pero mientras en Cee Antonio y Elena no tienen problemas en contar su experiencia y compartir su alegría -al fin y al cabo no parece algo que haya que esconder-, en Malpica las cosas fueron por otro camino.

María Elena Tasende nunca admitió que a ella le hubiera caído la lluvia de millones. Pero en la localidad no queda un vecino que no lo sepa. Dicen que repartió con los hijos pero que su vida, aparentemente, sigue siendo igual. Que se sepa, su casa no se ha convertido en mansión. Todavía.

Cosas de la suerte y del azar. Hace poco más de un mes se sorteó de una cena en Aldeola. ¿Adivinan a quién le tocó? Pues sí, parece que también a ella. En Malpica, seguro, son muchos los que le tienen envidia.

Pero su premio no fue el mayor de los que cayeron en la Costa da Morte. Ese récord lo ostenta un vecino de Zas afincado en Santa Comba. No solo fue el mayor de la historia en Galicia. Hasta hace poco era también el que ostentaba el récord europeo. Hasta que otro premio mareante tumbó su marca.

A Manuel Santos Amigo le tocaron 45 millones de euros. Ni más ni menos. O sea, 7.500 millones de pesetas. Cocinero en paro, se convirtió de un día para otro en multimillonario. Celoso de su intimidad hasta límites extremos, huyó siempre de las cámaras.

Él sí hizo una nueva vida, pero no se dedicó a vivir de rentas. Y eso que las podría tener cuantiosas. De entrada, un par de coches caros y la creación de varias sociedades. A su nombre están MSA Finisterre-Galicia S.L., Mavilio Inversiones Gallegas S.L. y Pudenza Noroeste, entre otras. Hace unos años decidió meterse en el sector inmobiliario. No se sabe cómo le habrá sentado la crisis.

Varias de esas empresas tienen su domicilio social en Becerril de la Sierra, en Madrid. No en unas oficinas, sino en una urbanización de chalés de lujo. Al lado del suyo se vende uno estos días. Quien quiera comprarlo tendrá que pagar solo 600.000 euros. Una nimiedad para Santos Amigo.

No está claro que el de Pudenza viva allí, porque a nombre de sus empresas tiene también pisos y propiedades en distintos lugares, Sanxenxo entre ellos. Dicen por Santa Comba que después del Euromillones le tocó también algo en la Lotería de Navidad. El mundo no está muy bien repartido.