Los astilleros de la ría de Ferrol parecen hoy la sombra de lo que fueron cuando más de 20.000 personas trabajaban en Bazán y Astano, por entonces dos de las factorías más importantes del mundo. Si por algunos fuera no serían ni la sombra, serían sencillamente las cenizas de uno de los puntales de la economía de Galicia. Pero resulta que Navantia Fene-Ferrol (con esa marca se conoce ahora a los dos antiguos astilleros) ha sido el año pasado el líder mundial en reparación de buques gaseros.
Desde la reconversión de los 80 se habla de la necesidad de acabar con el monocultivo industrial, de diversificar la actividad de una zona tradicionalmente ligada a la construcción de barcos civiles y militares. Pero, aún en un contexto de crisis, con muchas trabas administrativas y políticas para que las factorías estén a pleno rendimiento, la economía local vuelve a encontrar su sostén principal en lo que sabe hacer. Barcos.
Con unos cinco mil empleos directos e indirectos y carga de trabajo para unos cuantos años con la construcción de buques de guerra para las armadas de España, Australia y Noruega, Navantia consiguió además hacerse con el mando del mercado internacional de las reparaciones. Tenía ventajas de partida, como la alta especialización de personal e instalaciones y el conocimiento de los mercados, pero ha sido clave también la perspicacia de unos profesionales que supieron aprovechar las oportunidades que ofrecía el mercado para hacer valer esas ventajas y lograr la diversificación, sin salirse de un marco en el que la industria de la zona lleva un par de siglos moviéndose.
No cabe duda de que el monocultivo es el camino más corto a la ruina. Pero el tiempo está dando la razón a quienes defendieron que para diversificar no era obligatorio liquidar lo que había. Los astilleros de la ría de Ferrol pueden seguir siendo las turbinas que muevan una economía que aspira a ser diversa y próspera.