El 6 de febrero de 2008 la Xunta y la Diputación acordaron una serie de medidas para sacar adelante el proyecto del dolmen de Dombate. Era la primera vez que ambas Administraciones hacían algo parecido, a pesar de que las dos están implicadas en la conservación del monumento desde 1987, año en que comenzaron las excavaciones.
El primer desencuentro se produjo en 1989, cuando el director de las tres campañas encargadas por el organismo provincial, José María Bello, se negó a enviar un informe sobre los últimos hallazgos a la Xunta.
A partir de ese momento y hasta principios de 2008 los técnicos de uno y otro lado han peleado constantemente por la salida que se le iba a dar a la obra. Curiosamente no ha faltado voluntad política por parte del propietario, la Diputación, pero las trabas han sido tan variadas que ha sido imposible sacar adelante el proceso hasta ayer mismo en que se licitaron los trabajos.
Uno de los principales problemas han sido burocráticos, largos y farragosos trámites inexplicables han ido retrasando las actuaciones. Incluso al final el Concello de Cabana, muy interesado en la realización de la obra, solicitó un informe innecesario para la concesión de las licencias.
Sin embargo, en esta ocasión todos los organismos implicados tenían claro que había que sacar adelante la propuesta y que había que hacerlo rápido. La colaboración que Patrimonio tiene con la Diputación desde febrero del pasado año ha sido fundamental para desbloquear cuestiones como las trabas de la Secretaría Xeral de Urbanismo.
Ya es casi seguro que para las Navidades de 2010 el dolmen estará bajo techo y es posible que acudan los primeros visitantes. De todos modos, las previsiones han de tratarse con cautela en el caso de Dombate.