Jesús, el guardia más veterano del cuartel de A Laracha, entró en el cuerpo con 22 años. Su hija Patricia se alistó en el Ejército recién cumplidos los 18
11 oct 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Cuando se pone el uniforme es el guardia civil Jesús Lema García, el más veterano del cuartel de A Laracha, a donde llegó hace 14 años. Cuando va de paisano, es simplemente Suso de Xornes, el regueifeiro. Uno de los pocos de Bergantiños y de los más famosos de toda Galicia. A las coplas llegó por vía familiar (su tío fue el mítico Mandián), a la Benemérita, por vocación. «Cando había cuartel en Buño, relacionábame moito con eles e gustábame o que facían, así que cando acabei a mili, decidín facer as probas. Non llo dixen a ninguén, a sorpresa foi grande», recuerda Jesús, que durante su estancia en los cuarteles de Madrid y A Gudiña (Ourense) dejó aparcadas las coplas, que recuperó diez años después, cuando regresó a la Costa da Morte y se estableció en Muxía.
Su entrada en las fuerzas del orden fue una sorpresa, pero la de su hija, Patricia, no le extrañó a nadie. «Cando nolo dixo, non nos pareceu mal. Ela vivíu isto dende dentro e sabía onde se metía», cuenta Jesús.
«Yo no quería tener una profesión típica, así que cuando acabé el instituto decidí alistarme. Entonces no había tantas mujeres, pero a nadie le sorprendió, porque mi hermano también estaba en el Ejército y mi padre era Guardia Civil, así que hasta cierto punto parecía lógico», explica Patricia, quien asegura que le encanta su trabajo. Tanto, que en el 2003 no dudó en ofrecerse voluntaria para participar en una misión en Irak y en el 2007 pasó cuatro meses en el Líbano. Vivió situaciones muy difíciles, pero, asegura, no pasó miedo, a pesar de que las primeras semanas lo único que oía era el ruido de los morteros y ametralladoras. «Lo pasan peor los que se quedan aquí esperando a que vuelvas», dice.
«Cando falabamos con ela sempre dicía que estaba ben, para non preocuparnos, pero aínda que sabes o que están facendo, no podes evitar ter medo cando vés malas noticias», confiesa su padre, de quien Patricia no ha heredado el gusto por la regueifa, pero sí por el folclore. De hecho, la joven entró en el Ejército por Infantería, pero también formaba parte de la banda de música del cuartel de la Brilat.
Hubo un tiempo en el que Patricia pensó en dar el salto del Ejército a la Guardia Civil y seguir, directamente, los pasos de su padre. Sin embargo, la entrada en la academia le obligaría a operarse la miopía y esta joven, curtida en Irak y el Líbano, no tiene miedo a la guerra, pero sí al quirófano. «Además, estoy muy a gusto en Pontevedra», explica. Sin embargo, tras diez años en Figueirido, Patricia está cada vez más convencida de realizar las oposiciones para el ascenso a cabo. «En la unidad de servicios el trabajo es bastante light , así que tengo mucho tiempo para prepararme», dice.
Tendrá tiempo para estudiar, pero las coplas, ni de lejos. Esas se las deja a su padre, quien no aspira a vivir de regueifeiro, pero que se siente feliz viajando por toda Galicia demostrando su ingenio con los cuatro versos. Las verbenas de verano, cuenta, le han permitido conocer lugares por los que nunca había pasado y a los que ha llegado gracias a la ayuda de sus compañeros, quienes no han dudado en cambiarle los turnos cuando tenía alguna gala. Con ellos y con su hija, celebrará mañana el día de la patrona. Y seguro que surge alguna copla.