Baio no sería lo mismo sin Casa Rogelio, un negocio inaugurado hace 73 años, en el que puede encontrarse de todo, tomarse un café o rellenar la Primitiva
04 oct 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Recién casado, el mismo año que comenzó la Guerra Civil española, Rogelio Montero Romero, abrió en Baio, en la céntrica calle Obispo Romero de Baio un multi bazar-librería-estanco-ultramarinos, al que bautizó con su nombre: Casa Rogelio. Setenta y tres años después de iniciar la aventura, el negocio sigue viento en popa, aunque ahora (desde 1953) Casa Rogelio haya cambiado de ubicación (a apenas unos metros del local original) y está en manos de su hijo, su nuera y sus dos nietos. Casa Rogelio es hoy, como en 1936, un negocio de referencia en Baio. Abre todos los días, desde las siete de la mañana hasta pasada la medianoche y en él puede encontrarse prácticamente de todo. Hasta lo más insospechado. Tienen un bazar, en el que todavía venden las clásicas cristalerías y vajillas de toda la vida, una zona de ultramarinos, juguetería, papelería, kiosco, estanco, bar, un despacho de loterías y hasta un córner dedicado al mundo de la pesca. Vamos, mucho más que en El Corte Inglés, nombre con el que muchos vecinos se refieren a Casa Rogelio. «Y todas las semanas hacemos cien kilos de chorizos», dice la más joven de las Saras como si todo lo anterior no fuese más que suficiente. «Traballamos moito», reconocen con modestia todos los Montero, a los que es imposible convencer de que aparquen el usted y traten a los clientes de tú. Pasen los años que pasen y a pesar de que muchos de los habituales son ya como de la familia. Para ellos, para los más fieles, están preparando un enorme comedor en el que podrán disfrutar de las tradicionales fiestas anuales, y gratuitas, de Casa Rogelio: filloas por carnaval?-de las de toda la vida, hechas en la piedra- y otra dedicada exclusivamente a sus deliciosos chorizos caseros. «El tercer domingo de feria, además, invitamos a callos a todos los clientes», cuenta Sara (hija). El trato familiar de los Montero es también una cuestión genética. El abuelo Rogelio incluso se atrevía a bromear cuando, en tiempos de crisis, los clientes le pedían una rebaja. Es histórica la anécdota del vecino que fue a comprar un pote y le pidió que «lle sacase algo». La respuesta de Montero Romero fue genial: «Se queres sácolle o tello». Ahora, muchos de los que conocen la anécdota, no piden rebaja, sino que les saquen o tello. Rogelio también inció la tradición de ir a buscar vino a Ribadavia (Ourense). Los barriles llegaban hasta Santiago en tren y desde ahí a Baio, en carros. Hoy, los bocoys llegan en camiones, pero todavía impresiona verlos, siempre en noviembre, a la puerta del establecimiento, ocupando gran parte de la calle. «Este ano vendimos máis que nunca e iso que trouxemos máis de 200 barrís. Hai uns días tivemos que ir buscar 1.900 litros de viño máis», dice Fernando padre. Él asegura, lleva toda la vida detrás del mostrador. «Desde que casei, cando tiña 18 años», dice. De eso, hará el miércoles 38 años, y desde entonces, insiste, no se ha arrepentido jamás. Aunque nunca haya podido irse de vacaciones (salvo en la luna de miel, que llevó a Sara y a Fernando a recorrer casi toda España durante un mes), ni aunque tenga que robarle horas al sueño para atender a los clientes. Casa Rogelio es un clásico que ya ha pasado a la tercera generación y, aseguran los padres, «está en muy buenas manos».