Las verbenas de verano se convierten en macrobotellones con jóvenes menores de edad que se estrenan en la bebida
18 sep 2009 . Actualizado a las 02:00 h.No es raro que unos amigos se reúnan para tomar unas copas. Tampoco es algo nuevo. Pero esto no puede considerarse un botellón en el sentido estricto. Esta práctica toma forma cuando se trata de un grupo de jóvenes a los que no les importa que haga frío o calor, que llueva o truene. Beben en la calle y en grupos. «Es un acto social», alega la mayoría, y además «es la única forma de beber una copa de calidad, en los bares están caras y el alcohol no es bueno».
En un botellón da igual el hielo, que los vasos sean de plástico, compartir refresco y algún cigarrillo. En la entrada de los parques o las playas, nadie pregunta la edad. Los jóvenes menores de 16 años no pueden comprar bebidas alcohólicas, pero las bolsas de supermercado que cargan, parecen no decir lo mismo. «Le damos el dinero a un amigo o a un hermano mayor y él nos lo compra», asegura una joven que esta semana comienza primero de bachillerato. En los pubs y discotecas la cosa no es muy diferente. «Durante las fiestas es más complicado, el resto del año solo te miran. Si pareces mayor, te sirven sin problema. Nosotros damos el mismo dinero que alguien de 20 años y los bares quieren ganar pasta», añade.
Basura y actos vandálicos
El verano es propicio para querer vivir nuevas experiencias. Durante las fiestas patronales, la mayoría de los padres son más flexibles en cuanto a la hora de regreso.
Para los jóvenes, suelen significar también su primer contacto con el alcohol. Si nos levantamos prontito la mañana después de San Xoán, pistoletazo de salida para las fiestas veraniegas, podremos ver un paisaje desolador compuesto por ceniza y botellas vacías. De no ser por los restos de hogueras, la escena se repite tras largas noches de celebraciones patronales, sobre todo en pueblos costeros. Muxía ha sido el último.
La localidad de la Barca multiplica por un factor bastante elevado su población durante su romería de septiembre. A pesar de que el Concello pone a disposición de los romeros contenedores de obra, la mayoría parece que no se percata de ello. «Estoy de acuerdo con que se pueda beber en la calle, pero cada uno que recoja lo suyo», dice un joven. Otro universitario asegura: «Si la policía pusiese una multa ejemplar a quien deje todo en cualquier rincón, la situación cambiaría».
Por lo tanto, una de las grandes resacas de una fiesta es la basura en las calles. El otro gran inconveniente, los actos vandálicos.
Tras las pasadas fiestas del mar de Malpica hubo desperfectos en un parque infantil y un banco en la zona de Canido. Además, desaparecieron árboles. En Muxía se produjo una escena similar: señales dobladas, columpios arrancados y hasta losas del paseo marítimo destrozadas.
Ante esto, algún joven mayor de edad asegura que «esto es cosa de los más pequeños». Sea cierto o no, cabe preguntarse en qué momento de la noche una copa con los amigos se convierte en un acto delictivo. Hará falta bastante dinero público para recuperar el mobiliario urbano destrozado.
En estos momentos, los concellos no suelen actuar en el caso de que las zonas de botellón estén alejadas de barrios residenciales. Sin embargo, la Consellería de Sanidade está trabajando en una nueva ley para regular el consumo de bebidas alcohólicas. Las nuevas medidas pretenden prohibir beber y comprar hasta los 18 años, así como vender más allá de las diez de la noche. ¿Se llegará a cumplir?