Su marido montó un gimnasio con unos amigos y en ella nació un interés por el deporte que ha transmitido a su hijo mayor
09 ago 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Susa Caamaño empezó con la gimnasia de pura casualidad y ya lleva un cuarto de siglo en ello. Fue durante una cena de Fin de Año. Su marido y otros amigos decidieron montar un gimnasio y ella comenzó a formarse como monitora. Entonces tenía 27 años, casi la misma edad de su hijo Alberto, que está desde los 22 con su madre en el negocio familiar.
El acceso de Alberto Mato al deporte no fue tan inesperado. Alberto dejó el año pasado el ciclismo de competición en la categoría de élite. Antes de llegar a ella aparcó un tiempo su carrera y se formó como monitor de spinning . Ahora da dos clases todos los días. Reconoce que su debilidad es la de la mañana, que se llena de amas de casa. Explica que «somos como unha pandilla, as clases son moi divertidas».
El ambiente casi familiar del gimnasio no viene dado por el parentesco que hay entre Susa y Alberto, sino, sobre todo, por la fidelidad de los clientes. Susa explica que «hai algúns que están con nós desde que empezamos». Otros ya son más bien talluditos. Reconoce que lo que más le interesa ahora son las clases a la tercera edad, que también da por las parroquias de Carballo, y habla con ternura de dos hermanos a los que tiene que ayudar para que puedan hacer bicicleta, debido a su avanzada edad, aunque «salen como nuevos. Van a su ritmo y se encuentran mucho mejor».
Recetas de deporte
De hecho Susa, que tiene más de 25 años de experiencia en este campo, está convencida de que «se os médicos receitarán deporte, a Seguridade Social aforraríanse moitos cartos en pastillas» y «en psicólogos», añade Alberto, para enfatizar los beneficios del ejercicio.
En ambos saltan a simple vista. Alberto es un muchacho con un aspecto extraordinariamente saludable en todos los sentidos, pero lo más llama la atención es el aspecto de Susa, de la que nadie diría que es una cincuentañera . Eso no solo les pasa a ellos. Alberto comenta que «cada vez a xente se preocupa máis polo seu aspecto. Hoxe en día a xente cóidase máis, é máis consciente do importante que é, e, polo tanto, é máis constante. Sempre hai un grupo de xente que empeza e sigue todo o ano, ata o verán».
Ellos apenas están notando la crisis. Los argumentos de Susa desarman a cualquiera. Ella invita a los interesados en hacer deporte a que dividan la cuota mensual por día y recuerda, que «pódeste duchar, ler o periódico e máis cousas por un euro ao día. Se tomas un café xa gastas o mesmo». No hay excusas.
La única, si acaso, es la pereza. Alberto reconoce que a veces se hace cuesta arriba ponerse las mallas y empezar la clase, pero explica que al final de la misma todo el mundo sale mucho más relajado y de mejor humor.
La asignatura que le queda pendiente a esta pareja es poner en movimiento a los niños y adolescentes, que tienden a hacer poco ejercicio. Alberto está estudiando incorporar clases de capoeira, porque no hay otro establecimiento que dé esta especialidad y porque es adecuada para los adolescentes. Explica que lo que se pretende es que «se vaian animando, que no se queden en casa», y se queja de la poca innovación de los colegios.