Una rápida batalla y una derrota aún más veloz

La Voz

CARBALLO

La junta de defensa solicitó el asesoramiento de los ingleses e incorporó a uno de ellos a la asamblea que hacían diariamente para que como militares les diesen instrucciones aunque nunca les hicieron caso.

El único que tenía experiencia militar era Caamaño por haber servido doce años en el ejército regular. La primera recomendación fue contactar con el marqués de la Romana para el envío de oficiales que los entrenasen y así ser mas útiles. Los de la junta de defensa ya habían enviado con anterioridad a Cayetano Melgar a Domingo Trillo y al abad de Salto, recibiendo por respuesta «que incomodasen cuanto pudiesen a los franceses». Fue muy grande la colaboración de los ingleses, pero muy poco el aprendizaje, solo querían utillaje, lo demás ya lo tenían; un poco de locura, arrestos y valor.

El día 9 de Abril se le une la fragata Loire al mando del capitán Thomas Schomberg, enviada desde Inglaterra con provisiones de armas y municiones. Dejó un suministro de 3.500 mosquetes y una gran cantidad de pólvora, picas y sables, suficiente por lo menos para los que de alguna forma estaban entrenados. Faltando por llegar para la formación del ejercito, mas voluntariado, la Loire zarpó de nuevo a buscar más material a Inglaterra. Ya no se escuchaba en Corcubión aquel grito unánime de «faltan solamente armas».

El 10 de abril los ingleses vieron con asombro que la milicia popular ya había partido sin avisar, desde Bermún hasta Paizás y tan solo habían llevado un ciento de armas.

Interrogado un miembro de la junta por los ingleses de cómo no habían llevado todos las armas, su respuesta fue muy escueta «¿quién sabe?» fue inútil apremiar a la Junta para que diese orden de retroceder y armarse como Dios manda.

En la noche del 12, el cura de Cee, Francisco Domínguez Fernández, escribe en su libro de Fabrica: «A las doce y media de la noche del día 12 ya se había dado aviso por la campana y el cañón de que los franceses habían rebasado Ponte Olveira».

El 13 de abril son arrasados Corcubión y Cee. En Corcubión solo quedaron en pie seis u ocho edificios, entre ellos la Iglesia. El 21 de abril regresaron los franceses, esta vez con 2.000 hombres de infantería y 200 de caballería arrasando todo lo que quedaba. Lapido, Caamaño y Thruston reunificaron la tropa que se había desperdigado para que en el momento del descanso de las tropas francesas en Hospital, atacarlos, la posición en la que estaban le era la más favorable. Pero otra vez la improvisación les jugó una mala pasada.