Aldeas que permanecen a dos velas

Eduardo Eiroa / Ángel Palmou

CARBALLO

Gran parte de los pequeños núcleos de población de la comarca carecen casi totalmente de inversiones públicas y muchos incluso de servicios básicos

25 mar 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Los ayuntamientos de la comarca suelen quejarse de que las grandes inversiones de la Xunta se concentran en las ciudades y en las áreas más pobladas, abandonando a su suerte a los municipios con menos peso demográfico y, por lo mismo, con menor número de votantes. En cierto sentido, la misma crítica podría hacerse desde una gran mayoría de aldeas y lugares de la comarca a los ayuntamientos. A distinta escala, la situación, salvo excepciones, es prácticamente igual.

Así, en muchos lugares de la Costa da Morte conceptos como el de acera suenan a chino. En algunos, pocos, también suena a paraíso hablar de alcantarillado, teléfono, televisión, cobertura de móviles y agua con garantías de salubridad. Un ejemplo en el que todas esas carencias conviven juntas es Figueiroa, en Muxía, aunque hay más casos en la comarca.

En Fisterra hay cinco núcleos con menos de 30 habitantes. Una mujer de Suarriba sonríe cuando se le pregunta si allí existe alcantarillado, y explica que no hay cosa semejante. Allí cada uno trata de llevar los vertidos de sus casas a sus fincas. Y asunto arreglado.

Otro vecino cuenta que a su nieto le han comprado botas de agua porque, cuando llueve, las calles -por llamarlas de algún modo- se convierten en ríos y hay que vadearlos. También se ríen en Suarriba cuando se les pregunta si alguien limpia alguna vez las calles. Al menos hay recogida de basura. Cada ocho días, asegura una vecina. Es decir, que los restos del martes se quedan en el contenedor hasta el miércoles siguiente. Cuando hace sol, no es recomendable acercarse a los depósitos de basura. «Aquí só veñen a pedir votos», asegura la misma vecina. Hace unos años el Ayuntamiento puso unos cuantos adoquines frente a la antigua unitaria. Hay también unos puntos de luz más o menos nuevos. Son las únicas inversiones que por allí han visto en los últimos años. Nada saben de planes de fondos estatales ni de partidas autonómicas.

El caso de Suarriba se repite, más o menos, en otros núcleos fisterráns, como en O Sixto, Padrís o Castrexe. En Castromiñán al menos el cemento de la calle parece más nuevo. El de la calle, porque la pista deportiva está en estado ruinoso. Y eso en lugares con vistas privilegiadas que podrían ser focos de atracción de turistas.

Las cosas no están mejor en muchas otras aldeas. En Sordíns (Cuns-Coristanco) se quejan de unos pésimos accesos, al igual que en Carballido (Ponteceso). En buena parte de la parroquia de Meirama no se ve bien la tele.

Sí hay casos, como el de Dumbría, de recuperación de los núcleos rurales. Tampoco se quejan los vecinos de otros municipios, como los de San Xosé de Pereiriña (Cee) que gozan de cunetas limpias y sin maleza y hasta de una marquesina con canalón para la lluvia y todo que ayer alababan cuatro vecinos haciendo uso de ella como parasol.

Pero la excepción son los lugares en los que no hay queja. En lugares y aldeas se mira con envidia a los núcleos urbanos, en los que los ayuntamientos concentran sus inversiones.