Una heroica e inútil resistencia

CARBALLO

Las tropas napoleónicas arrasaron las dos localidades en abril de 1809 aplastando las fuerzas locales en una batalla cuyo bicentenario pasará sin pena ni gloria

22 feb 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Un 13 de abril de 1809 cerca de un millar de soldados franceses del ejército regular de Napoleón entraban a sangre y fuego en Corcubión y Cee. Llegaron por el Camiño de Santiago venciendo a su paso la débil resistencia de un grupo de guerrilleros en Ponte Olveira y abalanzándose casi sin oposición sobre las dos villas mientras el grueso de las tropas del improvisado ejército local los esperaba en otra parte.

No tuvieron tiempo los hombres organizados por la Junta de Defensa de cerrar el paso a los franceses hacia las casi indefensas villas. Tan solo pudieron, los de Lapido y el muy guerrillero Fray Pedro Romero, contemplar el desastre desde lo alto de la Armada, en Cee, a donde llegaron a toda prisa para tratar de hacerles frente.

Desde allí decidieron cargar contra los soldados napoleónicos, pero aquel 13 de abril, pese a su coraje, nada pudieron hacer. Muchos murieron y otros -gracias en gran parte a la ayuda inglesa- consiguieron huir por mar.

Los datos de aquellos duros días de lucha los aporta el corcubionés Alejandro Lamas, que ha realizado una gran labor de investigación sobre aquella batalla.

La destrucción de Corcubión y Cee se completaría unos días más tarde, el 21 de abril, con la llegada de una segunda invasión para aplacar el segundo conato de resistencia local. Y no dejarían títere con cabeza. Lo poco que quedaba por arder de las dos villas sucumbió entonces pasto de las llamas.

Pero la historia de la lucha contra los franceses no empezó el 13 de abril, sino meses antes, cuando los locales empezaron a organizarse.

La primera vez que los dragones de Napoleón llegaron a Corcubión fue en enero de ese mismo año. Eran 120 hombres en busca de dinero y provisiones para mantener a su ejército. Se llevaron lo que fueron a buscar, pero no de buenos modos.

Aún regresarían más veces en busca del mismo impuesto. Tras esas visitas los de Corcubión enviaron emisarios al marqués de La Romana, que capitaneaba las fuerzas españolas, en busca de instrucciones. En marzo del 2009 llegó la respuesta, pidiendo que se organizase una Junta de Defensa y se proclamasen alarmas por toda la jurisdicción, que no eran otra cosa que focos de resistencia.

La Junta de Defensa la acabaría presidiendo, no sin agrias discusiones, el cura de Morquintián, Pedro Lapido, que comienza a reclutar hombres por toda la zona y pide ayuda a fragatas inglesas que se encontraban por la zona. La Endymion y la Loyra responden a su llamada. La primera se queda en la ría y entrega armas a los guerrilleros. La segunda parte hacia Londres en busca de más armamento.

Ya organizados, los de Corcubión se niegan a enviar más dinero y víveres a los franceses. Mientras, Manuel Taboada y Cotón y Fray Pedro Romero llegan a Corcubión para sumarse a la dirección de la resistencia.

Los locales perderían finalmente el enfrentamiento con los franceses, pero obtendrían antes una pírrica victoria que les insuflaría ánimos y les daría infundadas esperanzas.

La reconquista

Con los de la Junta de Defensa medio organizados -no llegaron nunca a estar bien preparados- los resistentes decidieron, acompañados y asesorados por el oficial británico Thruston, dirigirse al único lugar de la zona en el que había presencia de soldados franceses.

En el Castillo del Soberano, en Camariñas, quedaba una pequeña guarnición que custodiaba dos buques -uno francés y otro portugués- en el puerto.

Los de Corcubión lograron, en una escaramuza, hacerse con el control de las dos naves y entregárselas a los ingleses, al tiempo que detenían a los franceses en lo que denominaron la reconquista de Camariñas. Pero la recuperación de la fragata Barrier habría de costarles muy cara.

Animados por su logro, los de la Costa da Morte se sintieron capaces de expulsar, ellos solos, a los franceses. Se gritaba entonces «libertad o muerte». Finalmente habría mucho de lo segundo y poco de lo primero.

Desde su cuartel general en Santiago los franceses prepararon una expedición para castigar a los rebeldes. Hicieron creer a la Junta de Defensa que atacarían desde A Coruña, y en esa dirección partieron los hombres de Corcubión, Cee y su entorno a defender el paso, dejando a sus espaldas tan solo una pequeña guardia con cañones en Corcubión y otra, con un cañón y unos cuantos fusiles, en Ponte Olveira. Fue precisamente por Ponte Olveira por donde entraron los franceses. Pronto espantaron al puñado de hombres que allí resistían y así llegaron a Corcubión y Cee con el camino prácticamente expedito.

Los de la Junta de Defensa lograron huir por mar, pero los franceses quemaron y asesinaron a su antojo antes de retirarse de nuevo a Santiago, liquidando al puñado de valientes que les hizo frente en la Armada. Como volvieran a insistir los locales en su rebeldía, el 21 de abril los soldados franceses volverían a rematar la faena.

Aquellos duros días dejarían cientos de muertos en las dos villas, que habrían de reconstruirse de nuevo. Las iglesias, las casas, los archivos y todo lo de valor desapareció. Se salvó al figura de San Marcos porque fue llevada a Redonda, donde no llegaron a entrar los soldados en la iglesia.

En poco más de mes y medio la heroica resistencia de los vecinos cumplirá su segundo siglo, una efemérides que tanto en Cee como en Corcubión pasará sin pena ni gloria.

Los de Cee organizaron, hace años, alguna recreación de la batalla, pero este año el Ayuntamiento no tenía previsto acto alguno con motivo de aquellos hechos. En Corcubión dicen que, si se puede, se hará entonces el acto de hermanamiento con Le Gavre. Escaso homenaje a los muchos vecinos que perdieron la vida entonces.