Por la historia de las tierras leonesas y de la Maragatería

CARBALLO

La delegación de la Costa da Morte que recorre el Camino llegó ayer a Astorga

07 mar 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

El viaje que, a través del Camino de Santiago, realiza la delegación de la Costa da Morte (alcaldes de Cee, Dumbría y Fisterra, y dos responsables de Neria) discurrió ayer entre León y Astorga. Entre «Llión», como algunos se empeñan en llamarle por los carteles, tal vez porque lo quieran así para el futuro, y Asturica, que así se denominaba en el pasado la capital de la Maragatería, que se asienta sobre un soberbio altozano de 800 metros que hacen aún más sobresalientes las torres de su catedral, una de las muchas huellas de un esplendor romano y medieval sobre las que hoy pisan a diario unas 12.000 personas.

Fueron, por tanto, unos 50 kilómetros, la etapa más corta hasta el momento (acaba hoy el viaje, por la tarde, en O Cebreiro), pero ya no son estas las etapas que eran. Aumenta la densidad de albergues, que son más y mejores. Aumentan, en este trecho, los establecimientos que viven de los peregrinos. Hay más referencias visuales: cruces, milladoiros, pinturas, señales. Hasta monumentos, aunque esto ya es dudoso. Y sí, hay uno dedicado a las peregrinas, pero no parece que fuese esa su intención original: es la escultura que se levante en el exterior del bar Las Lolas, el del padre de los Quijano, en pleno corazón viejo y palpitante de León.

En esta ciudad, cuna de lo que hoy es España, hay dos albergues. El de las Benedictinas, junto a una impresionante plaza empedrada que retrotrae en el tiempo, y el público, grande, de 135 camas, en lo que parece haber sido una escuela, situado en una zona obrera, que, en fin, también retrotrae un poco.

León queda atrás junto a un mar plagado de naves (industriales) y la plaza de toros a la que ahora llaman León Arena. Entre caminos y páramos van pasando los kilómetros: Virgen del Camino, Valverde de la Virgen, San Miguel del Camino, Villadangos del Páramo (donde, a lo Hitchcock, gritan en el cielo centenares de cuervos), San Martín del Camino... Y Hospital de Órbigo, parada fundamental. Ahora, y siempre. Con ese nombre... Aunque su famosura viene también de un trágico accidente de un bus escolar ocurrido hace años. Construido por los Caballeros Hospitalarios de San Juan, es hito de 300 kilómetros hasta Santiago y tiene cuatro hospederías. A una de ellas, atendida por una hospitalera inglesa, llegaban ayer dos caminantes japonesas, junto a otros peregrinos, de las que, por cuestiones idiomáticas, poco se pudo sacar. Dos cosas, al menos: se llaman Yuki y Saho y acabarán en Fisterra su caminar.

Un lugar especial

Astorga es, ya se ha dicho, lugar especial. A lo lejos y de cerca. La entrada, para quienes van andando, es solemne y atraviesa lo mejor de la ciudad, al estilo de otras como Belorado, como Castrojeriz, Sahagún... La fachada del consistorio es comparable, tal vez, a la de Briones, por su porte y relieves. Sobre ella, dos muñecos maragatos tocan, con sus campanadas, las horas. Sí, es la Maragatería, tal vez el mejor lugar para degustar el cocido del mismo nombre, famoso en todo el mundo y que, tras probarlo, hace querer más todavía el gallego. A veces, ciertos mitos gastronómicos se pasan en un vuelo de vista y gusto. Unos metros más allá, en un restaurante, el menú le ofrece al caminante la «sopa de pota de la abuela Manuela».

En Astorga hay tres albergues. Uno de ellos, público (cuatro euros la noche), está situado en un antiguo monasterio que compraron, con un préstamo de Caixa Galicia, los Amigos del Camino de Santiago de Astorga. Su secretaria es María Ángeles Ramos, responsable además de la Oficina de Turismo, casi junto a la catedral y el edificio de Gaudí, sede episcopal que nunca fue, y hoy museo. Habladora y agradable, acepta encantada el material informativo de la Costa da Morte y pide que se mantengan los contactos para posteriores colaboraciones. «Astorga tiene mucha cultura gallega», afirma tajante. Y romana. Unos metros más abajo, las obras menores de una calle han destapado restos arqueológicos. Tal vez algún día ocurra lo mismo en Brandomil (a otra escala, naturalmente).

Fuera, unos instantes antes, la delegación de la Costa da Morte posa para una foto ante una periodista del más importante diario provincial, quien, tras conocer el objetivo del viaje, dice que ya tiene titular: «Santiago no es el Fin del Camino». Hay más que lo van descubriendo.