El mal gusto también es cosa pública

Luisa López

CARBALLO

Una vuelta por las principales poblaciones de la Costa da Morte deja en evidencia el avanzado estado de deterioro en el que se encuentra el mobiliario

17 feb 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

carballo

cerceda

Cerceda

Basta con darse una vuelta por las principales poblaciones de la comarca para llegar a una conclusión: el feísmo se ha apoderado de muchos de las calles que recorren la Costa da Morte.

Esta situación parece aun más inverosímil cuando es la propia Administración la que se queda impasible ante las aberraciones que se van sucediendo, una tras una, a lo largo del territorio. Antiguas marquesinas, pintarrajeados bancos o improvisadas farolas ponen de manifiesto los vestigios de un mobiliario urbano totalmente obsoleto, y que pide a gritos renovación. En Carballo, el cableado se ha convertido en uno de los principales obstáculos visuales.

En la calle Berdillo se forman auténticas trenzas entre poste y poste. Aunque son pocos, algunos vecinos critican el estado del manojo. «Es una vergüenza. Un día va a pasar algo porque los cables están muy cerca de donde pasan los coches», comentaba el viernes un lugareño. De hecho, este residente explicó que la imagen suele llamar la atención de los que pasan por allí. Pero ésta es una vista que se puede encontrar en cualquier población. El problema está en que los enganches y conexiones de las casas, tanto de Telefónica como de alguna compañía eléctrica, serpentean a sus anchas por las fachadas y, visto lo visto, las Administraciones parecen no tener la mínima intención de frenar esta moda.

Otro de los signos que transportan a uno al pasado, son las viejas marquesinas y paradas de autobús que además de encontrarse deterioradas, en sus paredes lucen campañas publicitarias de hace más de una década. Sucede en el núcleo de Sofán pero, como en el caso anterior, podría ocurrir en tantos otros lugares. «Isto leva aquí máis tempo que eu, se me desisto», decía un vecino. El problema es que estas estructuras están desgastadas por el uso y, además, registran alguna que otra grieta. Las farolas son otro clásico del acuciante feísmo urbano. En Coristanco, en pleno casco urbano, hay varias farolas, que, lejos de imitar diseños asimétricos, están completamente rotas. Llevan meses sin llamar la atención de los políticos, aunque, para los que están de paso este detalle no pasa inadvertido.