José y María Nélida Pérez Cundíns se despertaron sobresaltados el jueves para comprobar que el fuego estaba acabando con los recuerdos de toda su vida. Un incendio, que se propagó a partir de la chimenea con la que los dos hermanos calentaban la vivienda, situada en Borneiro-Cabana, terminó por destruirla. Han desaparecido tanto el techo como los pisos de madera, y solo se han mantenido los muros principales.
José, de 63 años, continúa ingresado en el Juan Canalejo de A Coruña, al cuidado de una hermana. Sufrió diversas contusiones, tras caerse por el hueco de las escaleras. Aunque el golpe más fuerte se lo ha llevado su estado anímico, que se vino abajo al comprobar que no podía salvar sus pertenencias ni hacer nada para detener las llamas. Las heridas se le curarán pronto, y seguramente le den el alta en los próximos días. Para lo otro tendrá que esperar porque le queda un duro camino por delante y un disgusto que le costará años olvidar.
Hasta el momento subsistía con una pensión no contributiva y, con la ayuda de su hermana conseguía hacer frente a las necesidades de la vida diaria. Ahora necesita más apoyo, tanto de la familia como de los servicios sociales del Concello para que algún día pueda ver sus casa nuevamente cubierta. María Nélida «nunca tivo sorte», tal como afirma su hermano Perfecto que, junto a su esposa Rosa, la asisten y acogen en su casa. Un problema sentimental de juventud la sumió en una profunda depresión que arrastra desde hace muchos años y por el que está en tratamiento.
El día después del siniestro, sus familiares la llevaron a ver los restos del incendio. Tuvo que aceptar con resignación lo que veían sus ojos. Las pocas fuerzas que pudo reunir las empleó en interesarse por el estado de sus animales, un cerdo y unas gallinas que quedaron a cargo de sus vecinos, en un primer momento.
Todo, desde los muebles a los documentos, se ha perdido. Los técnicos tienen pensado entrar en la casa, tomando todas las precauciones porque muchos elementos de la estructura amenazan con caerse. Una vez dentro, intentarán que la lluvia no termine de destrozar los pocos recuerdos que haya podido dejar el fuego.
Perfecto, hermano de ambos, se lamenta por las fotografías de sus padres y por otros objetos con mucho simbolismo para toda la familia. «Había un reló Longines que foi de meu avó e debería ter uns 150 anos. En todo ese tempo non parou nunca pero agora fixo que non anda». Acondicionar la casa para volver a vivir en ella supondrá un gran esfuerzo, pero tal como dice Perfecto, «iso só son cartos». El valor sentimental, en cambio, nunca se podrá recuperar y la tranquilidad de la vuelta a la rutina diaria, es una meta que todos los hermanos tardarán en alcanzar.