Mercasa idea un edificio moderno, accesible y abierto para el mercado

La Voz

CARBALLO

¿Para cando? Fue la primera pregunta planteada por los comerciantes tras la concurrida presentación de la propuesta de ordenación de la plaza de abastos elaborada Mercasa. «Para cuando ustedes quieran», respondió Roberto Alonso, responsable de mercados minoristas de la empresa nacional, que animó a los comerciantes a liderar «un proyecto de futuro» en el que, aseguró, el empuje del sector es más importante incluso que el institucional. Los asistentes mostraron gran curiosidad por conocer la idea, sobre todo cuando en la pantalla que sirvió como apoyo de la intervención empezaron a aparecer fotografías de otros mercados y más aún cuando las imágenes se centraron en Carballo.

El anteproyecto técnico -del que ayer pudieron verse las líneas maestras- elaborado por Mercasa se basa en tres objetivos fundamentales. El más importante, dijo Yolanda Domínguez, autora del estudio de viabilidad, es «dotar Carballo de un nuevo equipamiento que cubra las necesidades de la demanda, un mercado atractivo, cómodo, donde a la gente le guste ir, con nuevos servicios, pasillos más anchos.... es decir, mejorar su rentabilidad». Pero, al mismo tiempo, se pretende «enriquecer y ordenar el entorno próximo» mejorando los problemas de tráfico y aparcamiento, y, por último, implantar nuevos servicios en el propio edificio.

El resultado de todo ello es un inmueble que constaría de 450 plazas para vehículos repartidas en dos niveles de sótano. En el primero también se habilitarían todo tipo de servicios para los comerciantes de los que ahora carecen: zona de almacenamiento, carga y descarga, vestuarios y aseos, almacenes individuales, consigna frigorífica y área de residuos con tres compactadoras para facilitar el reciclaje, todo ello en un espacio «totalmente separado del tráfico de los clientes».

La planta baja, que la técnica definió como «el verdadero motor» del mercado, estaría dedicada a los productos perecederos. Mercado ha elaborado dos diseños diferentes, «pero que buscan el reequilibrio, que haya agrupaciones espaciales de productos, puestos de mayor dimensión y con mayor equipamiento, mejorar la circulación interna, transparente y con nuevos operadores que estimulen la demanda», explicó Yolanda Domínguez.

En ambas alternativas, el edificio tendría tres accesos: uno por la plaza del Concello, otro por la calle Cervantes y un tercero situado frente a la casa consistorial. Los puestos situados en la actualidad hacia el exterior se mantendrían, en tanto que en el interior se crearía una única sala de 1.200 cuadrados con secciones agrupadas por productos, para conseguir una mayor homogeneidad. También se habilitarían zonas de carritos para la compra, cajeros automáticos y consigna frigorífica.

La segunda alternativa incluiría los mismos servicios e idénticos accesos, pero en lugar de tener un único local dispondría de tres, y en el centro se colocaría una isleta cuyo protagonista sería el pescado, ya que el estudio previo realizado por Mercasa ha revelado que se trata del principal atractivo de la plaza para los consumidores.

La primera planta está todavía pendiente de definición, pero se supone que albergaría los pocos puestos que quedan abiertos ahora, fundamentalmente de calzado y textil, e incorporaría otros negocios complementarios que puedan reforzar el atractivo del edificio y que permitan, como pretende Mercasa, que el cliente realice toda la compra «en un único acto».

En definitiva, se trata de una propuesta para un edificio abierto, ya que se prevé que desde cualquier acceso sea posible ver todos los productos que se venden en el mercado, en el que primaría «el lineal y no el fondo», como, indicó Roberto Alonso, sucede ahora. Al mismo tiempo garantizaría la accesibilidad, tanto desde el exterior como a través de ascensores desde los aparcamientos y escaleras mecánicas. Y, por último, se plantea un mercado moderno, con buena iluminación, climatización, letreros homogéneos, mobiliario y materiales adecuados y muy alejado del actual.