El faro de Punta Nariga, serena belleza en la costa de Malpica

Laura Matabuena

CARBALLO

25 sep 2007 . Actualizado a las 03:57 h.

La aldea de Barizo, Malpica, acoge el promontorio cuyo nombre, Punta Nariga, denomina también al que es el más moderno de los faros gallegos. Situado entre las islas Sisargas, el cabo de San Adrian y la punta de O Roncudo, este reflector de primer orden fue erigido en 1994, en base al diseño del reputado arquitecto pontevedrés César Portela.

En él, al contrario que en la mayor parte de los faros, se buscó un uso adicional, construyéndose amplias zonas de paseo, que permiten además disfrutar de la belleza del paisaje.

El inmueble estructura en tres cuerpos de granito, cuyo acabado se hace más elaborado a medida que la obra se adentra en el cielo. El primero de ellos, lo conforma una base, cuya plataforma hace las veces de mirador, al que se accede por unas escaleras de piedra.

Su forma triangular divide sus vértices haciendo que cada uno de ellos cobre particular significado. El nordeste se adentra en la roca como si formase parte de ella, mientras que el sudeste se asemeja al baluarte de una fortaleza. Por su parte, el orientado al oeste, se presenta como la proa de un barco que surca las aguas, coronada por una escultura de bronce. Se trata de una particular estatua del artista Manolo Coia, tallada en 1994, cuya figura se debate entre lo humano y la forma de una gaviota.

El segundo cuerpo en granito gris, tiene forma de prisma y base triangular con uno de sus vértices dirigido hacia la entrada. En esta parte se encuentran las instalaciones, así como el almacén y las habitaciones para el farero. Su plataforma, unida a la anterior por una serie de escaleras, se convierte en la segunda zona del conjunto destinada a servir de observatorio.

La estructura finaliza en la torre cilíndrica de 5,50 metros de diámetro exterior y 17 de altura realizado con granito rosa. Se fue edificando hilera a hilera hasta un total de 21, compuestas cada una de ellas por 18 modelos diferentes de piezas. En su cúspide se encuentra un mirador acristalado, de 3.5 metros, circundado por un pasillo exterior de doce pilares, sobre el que reposa la linterna de 4.5 metros. Sumando todos los cuerpos obtenemos una altura total de 28 metros, que lo sitúan como el más alto de la Costa da Morte. Pero si contamos únicamente la altura de los fustes, se ve superado en cuatro metros por el de Cabo Vilán.

Portela, consiguió integrar la obra con el privilegiado entorno sobre el que iba a ubicarse. Mezclando clasicismo y modernidad, logró un diseño funcional y sencillo, sin demasiadas sofisticaciones, cuyo contorno se levanta, sin embargo, sereno y bella a los ojos del visitante.