Entre feria y fiesta, Fin de Año


La feria medieval de Muxía, que en este caso toma el nombre de Rutas do Mar, al igual que todas las celebraciones de este tipo, se cansó de darle patadas a la historia, introduciendo elementos que nada tienen que ver con la época que intentan rememorar. Eso no quita para que fuese una gran fiesta, con un gran éxito de público, y en la que los asistentes se los pasaron en grande durante dos días de juerga ininterrumpida. Al contrario de lo que suele ocurrir en otros lugares, en los que los comerciantes dominan por completo y convierten la fiesta en un gran mercado, en Muxía el 70% de los puestos pertenecían a gente del pueblo y estaban pensados para dar de comer y beber a los visitantes. La mayoría de los vecinos se implicaron en la celebración, que fue un auténtico éxito. La atención, como siempre, se centró en los personajes curiosos que nunca faltan en este tipo de citas, con una particularidad, ya que en este caso, se trataba de vecinos de la localidad sobradamente conocidos por todos. El primero de ellos, el encargado de la oficina de Correos, José María Touriñán , desempolvó uno de sus primeros uniformes, cogió su bicicleta y una cartera acorde con la situación y se echó a la calle. Su actitud vital y desenfadada divirtió mucho a los asistentes, y a más de uno le trajo recuerdos de viejas correspondencias entregadas por el propio José María.

Otro vecino que también apareció en la feria con su atuendo tradicional fue Yoshiro Tachibana . El pintor japonés lleva más de 30 años residiendo en una casa de la localidad, que construyó con el apoyo de los propios vecinos. Nino, como lo conocen los muxiáns vistió una indumentaria típica de su país que sorprendió a muchos visitantes y le convirtió en el blanco de muchas cámaras de fotos. El autor, que expone en galerías de todo el mundo, es un enamorado de la Costa da Morte y se encuentra perfectamente integrado en la vida muxiana, tanto que suele gozar de mucho protagonismo en los actos de este tipo.

Además de dedicarse a las típicas actividades lúdicas y deportivas propias de los meses de verano, los escolares del Concello de Dumbría están aprendiendo a cocinar. Una iniciativa de la responsable de cultura del Ayuntamiento, María Agulleiro, que ha trasladado a los niños que participan en las clases de natación hasta el casa rural As Pías para que aprendan unas cuantas nociones básicas de hostelería. En total son 35 chavales, de entre 4 y 12 años, que están apuntados en los cursos de la piscina municipal y que, durante la jornada de ayer y de hoy, están conociendo algunos secretos de la restauración.

Las enseñanzas se las imparte Francisco Cousillas Couto , el propietario de As Pías, que les enseña cosas como la utilización de los cubiertos, la forma correcta de sentarse en la mesa o algunas nociones básicas de protocolo. Además, los escolares tienen la posibilidad de preparar diversas tartas típicas de la zona, distintos tipos de canapés y batidos a base de helado. Por supuesto, todo ello lo llevan a cabo en un ambiente distendido y, lo más importante, con la posibilidad de poder degustar sus propias creaciones. El restaurante, situado en el lugar de Olveiroa, en el camino de Santiago a Fisterra, mantiene una colaboración muy estrecha con el Concello de Dumbría, con el acostumbra a organizar cursos formativos destinados a amas de casa y ahora también con los niños.

La Coral Polifónica de Bergantiños inicia su actividad, después del parón estival, con muchas energías, un local renovado y la bendición parroquial. El cura de carballo José García Gondar asistió a la inauguración de las obras del local social y participó en una oración con los coralistas. Los trabajos de remodelación de la sede de la coral fueron realizados, prácticamente en su totalidad, por los propios miembros de la asociación. Las intervención llevada a cabo incluyó el acondicionamiento del suelo, el aumento del número de estanterías y la variación de la decoración, además del mantenimiento necesario en techo y paredes. Las renovaciones fueron posibles gracias a la actitud voluntariosa de los coralistas que aprovecharon el descanso del mes de agosto para arreglar su local.

En junio san Adrián, en julio el Carmen y el Percebe, en agosto san Roque y en septiembre los Remedios. Puede parecer suficiente oferta festiva para una localidad como Corme, que tiene 1660 habitantes, pero no lo es. Los vecinos del lugar son conocidos por su fuerte enraizamiento marinero, pero también por su predisposición a la fiesta y el jolgorio. Buena prueba de ello es que, no contentos esta profusión de días festivos, se han decidido a añadir un par de alicientes más al verano, un fin de año en septiembre y unos carnavales en agosto. Para tomar las uvas todavía tendrán que esperar un poco, porque lo hacen coincidiendo con la festividad de los Remedios. Las máscaras y los disfraces salieron a la calle el pasado lunes y, aunque la mayoría volvieron a sus baúles pocas horas después de salir, no todos siguieron el mismo camino. Hubo un grupo de aventureros que, en sus ansias de seguir de farra, se los llevaron a la fiesta de Canduas.

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