Crónica | Peregrinación roquera Los Straitjackets congregan en Carballo a una nutrida representación del roquerío gallego y de las bandas de la tierra, que ejercieron por una noche el papel de fans
23 jun 2007 . Actualizado a las 07:00 h.?lato grande y, perdido en la loza, un bocado exquisito, pero insuficiente. El concierto de Los Straitjackets dejó en Carballo un buen sabor de boca, aunque ésta pedía más. Apenas unos bises, cuando se esperaba una segunda salida de los de Nashville al palco del párking de la calle Pontevedra. Es comprensible, sobre todo si tenemos en cuenta el tute que se están pegando los enmascarados: Barcelona, Bilbao, Madrid, Carballo, Andoain y Castellón. A bolo por día, mojón mediante. Se preveía que la única cita en Galicia, publicitada en buena parte de la prensa especializada del Estado, iba a suponer una peregrinación del roquerío gallego a la capital de Bergantiños, como así fue. Pero si en las matrículas de los coches siguiese constando su procedencia, podríamos comprobar cómo algunos carros pagan su impuesto de circulación más allá de O Padornelo y A Canda. Pongamos como ejemplo a los organizadores del Freakland, el festival ponferradino de rock and roll brutote, que se desplazaron a estos lares para disfrutar de una actuación redonda, en la que Eddie Angel y los suyos ofrecieron una sabrosa ración de rock and roll indicada para todos los públicos. Porque, si es verdad que la militancia brillaba por su indumentaria, hubo bastantes curiosos que asintieron con la cabeza ante el despliegue instrumental de los estadounidenses, que dejaban paso a las intermitentes Pontani Sisters (no, no se trataba de un espectáculo machista, como sostenía algún espectador, sino de un sano y semidesnudo ejercicio de ironía) y a la voz del almidonado Kaiser George. Entre los asistentes al show, bandas al completo o miembros escogidos de formaciones gallegas, como The Majestics, Los Santos, Lascivos, Los Iribarnes, Franc3s, Las Boas o Rockahulas, combo de Cedeira que tiene el honor de haber sido producido por el propio Eddie Angel. Y, además del público local, aficionados venidos desde Vigo, Ourense o Santiago. El número de personas congregadas, teniendo en cuenta la condición de concierto para una inmensa minoría, era bastante majo, pero el espacio resultó grande. Arriba, en el palco, una de las bandas instrumentales más respetadas del planisferio, heredera de grupos (Los Rockin' Devils o Los Teen Tops) que bordaron con sus cuerdas la época dorada del rock mexicano de los cincuenta. Abrieron para ellos Los Justicieros, que supieron calentar neumáticos a pesar de algunos problemas en los boxes, tal y como reflejó el cantante de la banda malpicana. Apunte curioso: cómo se parece la Pontani morena (sic) a la generosa hermana de El Vez.