Piedras nobles

CARBALLO

ARA SOLIS | O |

22 mar 2007 . Actualizado a las 06:00 h.

EN LA Costa da Morte parece que hay una aficción especial al abandono de la piedra. Me refiero a las piedras nobles, a las que constituyen el patrimonio cultural y que, según parece, para muchos no son más que eso, piedras. Las de Dombate siguen su particular carrera hacia el futuro a una velocidad de vértigo. Pero no son las únicas. Los penedos, que como toda culpa tienen la de haber surgido, majestuosos, en lo alto del monte, van por el mismo camino, y hasta dicen que de cuando en cuando se los ve temblar porque sienten que algunos les tienen ganas. La ruta de los dólmenes -esas marquesinas para el Castromil castrexo- tampoco parece muy valorada, y hasta seguro que alguno pensó en llenarlos de brasas para hacerse unas chuletas á pedra. Si nos vamos al granito más elaborado, sólo en dignas y contadas excepciones vemos que las cosas van tirando. Las Torres de Cereixo acabaron en manos privadas porque cuando estaban en venta nadie -léase ninguna Administración- dio un duro por ellas. Lo mismo le ocurrió a los dos castillos que vigilan la ría de Corcubión y que hoy podrían ser el orgullo de patrimonio local. Acabaron en manos privadas y mejor así. Que los disfruten sus dueños, porque hoy estarían en ruinas y pendientes de un plan sectorial y de mil chorradas más de Urbanismo, Patrimonio, Augas y compañeros. Del rico patrimonio arquitectónico de la comarca tenemos el castillo de Vimianzo y el de San Carlos -tamaño apartamento de estudiante- en Fisterra. Y la Torres do Allo a medio gas. Y eso es todo, amigos. Las cosas serían bien distintas con un poco más de cultura.