Reportaje Un empresario asturiano comercializa un caldo a base de tempranillo procedente de la cosecha del 2002 que tiene como marca el nombre de la plataforma gallega
17 feb 2007 . Actualizado a las 06:00 h.Se sabe que las grandes desgracias, sobre todo las ecológicas, suelen acabar dando nombre a bares y mesones. Así, en Muxía tenemos, no podía ser de otro modo, el Prestige convertido en taberna, y en Fisterra el Casón sirviendo comidas. El Bar Egeo funciona, o funcionaba, en la noche coruñesa. Lo que es más extraño es que a alguien se le ocurra embotellar mareas negras. La idea partió de un empresario de Ribadesella, que registró la marca Nunca Máis y se la endosó, en forma de etiqueta con el Prestige partido al medio y a punto de hundirse como logo, a una botella de vino. Tinto, claro. No se sabe si la iniciativa empresarial tendría éxito, más que nada porque aquellos que participaron recogiendo fuel o se acercaron por la Costa da Morte a verlo, tal vez evoquen otros aromas al ver la botella. Lo que hay dentro no es fuel, es vino, un caldo de extraño recorrido. La empresa es asturiana, tierra no muy célebre por sus viñedos, la bodega que lo embotelló, de Lugo -se llama San Damián- y la uva que lo compone, de la variedad tempranillo. Si las mejores ocasiones para abrir un vino suelen ser celebraciones de causas alegres, la botella de Nunca Máis parece pensada para otros fines. Tal vez sirva para amantes de los recuerdos funestos, pero desde luego no parece que la iniciativa enológica vaya a arrasar en bodas y banquetes. El empresario asturiano, además de tener pretensiones enológicas, hace también sus pinitos en el mundo de la poesía: «Grande y bella es la naturaleza / limpio y puro es el mar / pidamos todos juntos y unidos / Nunca Máis volverlos a maltratar», rezan unos versos estampados en la etiqueta y que, sin duda, algo maltratan al mundo de las letras. Si en la contraetiqueta lo habitual es enumerar las características y virtudes del caldo embotellado, en el caso de Nunca Máis los tiros van por otro camino. El lecto podrá deleitarse con un resumen concentrado de la historia de la marea negra. El caldo se puso en circulación a principios del 2004, pero no se sabe cuál habrá sido su evolución en los mercados. Dicen que los años mejoran las buenas cosechas, aunque los cuatro que lleva el caso del petrolero en los juzgados de Corcubión sólo sirven para avinagrar el expediente. Habrá que abrir la botella para catar el tempranillo y ver si tiene buen paladar o es malo de tragar como lo fue el Prestige para los gallegos. Lo que está claro es que iniciativa empresarial sí tenía el bodeguero, y hasta puede que su idea dure más que la plataforma ciudadana que le da nombre. Quién sabe, tal vez también haya caldos dedicados a Chernobil, con hongo atómico en la etiqueta, o vinos conmemorativos de la catástrofe de la mina de Aznalcóllar. La imaginación de algunos empresarios no tiene límites.