Reportaje | Odisea de un ganadero de O Vento (Cabana) Los vecinos y los bomberos de Carballo consiguieron salvar a seis vacas que se cayeron en un depósito de purín cuando el suelo del establo cedió bajo sus patas
08 dic 2006 . Actualizado a las 06:00 h.Todavía no habían dado las ocho de la tarde del pasado miércoles cuando Ramiro Cotelo, como todos los días, ordeñaba a una de sus 26 vacas. De repente, oyó un estruendo y cuando se dio la vuelta para ver lo que pasaba, descubrió que seis de sus reses habían desaparecido. Se las había tragado el suelo. Literalmente. El piso, realizado con tablones de madera, cedió bajo el peso de los animales cuando se rompió una de las vigas que lo sujetaban y las vacas quedaron atrapadas en un pozo de purín de unos 80 centímetros de altura. «Só se lles vía a cabeza, e non podían moverse, porque, ademais, estaban atadas aos bebedeiros, así que case se estaban asfixiando», explicaba ayer Cotelo, un ganadero de la pequeña aldea de O Vento, en la parroquia cabanesa de Anos, que, pese al susto, todavía no podía creer ayer la suerte que había tenido. «Se non chego a estar eu alí, morren todas», dice. Las reses -dos vacas y cuatro novillas de raza rubia gallega- apenas podían moverse y Ramiro tampoco podía meterse dentro del pozo de purín porque corría el riesgo de quedarse atrapado. La parte del establo dañada fue construida hace unos quince años y, según su propietario, «quizais non se cimentou ben ou a viga foi perdendo forza co tempo». Dos de los animales consiguieron, milagrosamente, salir del depósito por su propio pie, mientras que las otras cuatro -entre ellas Cucha, Galluda y Garrida, las únicas con nombre- seguían luchando para salir de esas peculiares arenas movedizas. Más de 300 kilos «Corrín á casa a avisar e nun principio axudáronme o meu fillo e o meu pai, pero entre os tres non tiñamos forza para sacar aos animais e unha estaba patas arriba, como flotando na bosta, e pensaba que morría porque a pobre non paraba de berrar», indica Cotelo. No es de extrañar, ya que lo único que podían hacer era tirar de la cuerda a la que seguían atadas. Entre 300 y 400 kilos de peso por animal. Demasiado pesadas para sólo tres personas, que veían impotentes cómo los animales corrían el riesgo de ahogarse. Pero rapidamente el establo se llenó de gente dispuesta a echar una mano en el rescate. «Xa non recordo canta xente estivo aquí axudando, só sei que eu sentíame indefenso e que en dous minutos apareceron todos os veciños e iso si que non o esquecerei nunca», reconoce Ramiro casi emocionado. Entre todos, y sin pensárselo dos veces, comenzaron a tirar de las sogas. «Fixemos moita forza e sacamos tres, unha delas atando a soga a un tractor, que desde fóra da corte axudábamos». Sólo quedaba una vaca en medio del purín, pero no podían con ella. Fue entonces cuando llegó un equipo de los bomberos del Parque Comarcal de Carballo. «Non sei a quen se lle ocurriu chamalos, pero foi unha boa idea, porque eles teñen máis medios e axudáronnos coa última», la Cucha, que ayer presentaba una pequeña hinchazón en una de sus patas traseras. Ése fue el único daño, las demás, resultaron ilesas. «Están todas ben, non sufriron nada, só o susto, pero supoño que xa o olvidarían», explicaba ayer, mucho más tranquilo, Ramiro Cotelo, quien calcula que reponer las seis reses le hubiese costado cerca de 11.000 euros. Ahora, mientras reconoce que «isto si que foi unha aventura», sólo piensa en arreglar el establo para que «non se volva a repetir, porque non sei se teriamos tanta sorte».