Dombate

A. MARTÍNEZ

CARBALLO

ARA SOLIS | O |

06 dic 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

ESTOS DÍAS no sólo recibimos el agua que nos manda el cielo. Llueven también las quejas por los baches que van apareciendo en vías asfaltadas más o menos recientemente, por las inundaciones en bienes públicos y privados, o porque los niños llegan del colegio calados hasta los huesos. Pero los efectos de las precipitaciones no siempre se ven con tanta facilidad. En el dolmen de Dombate, por ejemplo, sólo se intuyen por los charcos que rodean el monumento. El agua se acumula en los pasillos abiertos durante las excavaciones, y ni las tablas de madera que cubren el corredor ni la lona colocada sobre el monumento parecen suficientes para evitar las filtraciones. Así, esa joya que nos legaron nuestros antepasados de hace cinco mil años, el dolmen más estudiado de Galicia y conocido en toda Europa continúa perdiendo su brillo. A pocos metros del yacimiento, los vecinos de Borneiro están atentos al desarrollo de las obras de apertura de la nueva carretera, que paliará el impacto provocado por la actual; de construcción del futuro muro de cierre, más amplio, y de un aparcamiento que evitará las filas de coches en la cuneta. Pero para que esos trabajos hayan dado comienzo han tenido que pasar demasiados años desde que la Diputación de A Coruña, propietaria del dolmen, anunció a bombo y platillo un macroproyecto de recuperación integral, coronado con una cúpula acristalada que salvaguardaría el tesoro. La recreación virtual de ese proyecto que nos muestran los guías de Dombate está desgastada ya, como se supone que se encontrarán las pinturas cuando el interior del dolmen quede al descubierto para las obras de restauración. En estos días de tanta lluvia y de tantas quejas, nadie ha denunciado todavía la situación del dolmen de Dombate. Tal vez porque, después de tanto tiempo, parece que las protestas no sirven de nada.