ARA SOLIS | O |
25 nov 2006 . Actualizado a las 06:00 h.HAY UN anuncio en la radio que me hace mucha gracia. No recuerdo de qué entidad bancaria es, pero se preguntan algo así como: «¿Qué estará haciendo ahora el primer hombre que pisará Marte?». La respuesta, según este banco, es clara: «Estudiar». Supongo que viene a decir algo así como que los niños tienen que aplicarse si quieren ser algo en el futuro y que la entidad en cuestión estará detrás de los más listos financiándoles másteres, estudios en el extranjero y todo lo que haga falta para que sean los más listos de su gremio. Me hace gracia el anuncio porque, aunque es muy probable que no le falte razón, cada vez que lo oigo me da por pensar que quizás el primer hombre que ponga sus pies en el planeta rojo sea oriundo de la Costa da Morte. Y no precisamente algún chaval que se esté dejando los codos mirando una y otra vez en montañas de apuntes, ni esos que ganan dioptrías año tras año de tanto leer y releer, y mucho menos los que se esfuerzan por sacar adelante unos estudios que quizás, tal y como está el mercado laboral, no les servirán para nada. Siempre pienso, influenciada por las películas de ciencia ficción, que el primero en pisar Marte será un vándalo. Uno de esos chavales gamberros, que tantos hay por esta zona -y por otra, que esto no es exclusiva de la comarca-, que empiezan destrozando mobiliario urbano, abandonando los estudios y atracando abuelas para comprar drogas, pagarse otros vicios o tunear el coche -y ojo, que no sólo los malotes lo hacen-, y acaban en prisión. Pues me imagino, en algún lado lo habré visto o leído, que Marte acaba siendo, como en su día lo fue Australia o América, uno de esos lugares donde las sociedades civilizadas envían a aquellos que molestan. Un Guantánamo a miles de kilómetros. Y tal como están las cosas, tal vez no sea tan descabellado pensar que el primero en pisarlo sea de aquí.