El arte de exprimir el espacio

Ángel Paniagua Pérez
Ángel Paniagua SANTIAGO

CARBALLO

SANDRA ALONSO

En directo | La situación del párking del CHUS Estacionar en el Hospital se ha convertido en una odisea que hace que cualquier lugar sea bueno para dejar el coche; el peligro es que los peatones tienen que andar por la calzada

07 oct 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

?i algo caracteriza al aparcamiento del Hospital Clínico es el aprovechamiento de los espacios: o aparcas o circulas. Punto. Y esto incluye a la calzada y a las plazas para estacionar, pero también a las zonas ajardinadas, a las aceras, etcétera. Entrar en el recinto con intención de dejar el vehículo es, como mínimo, osado. El jueves lo hicimos a las 10.30 horas, pero no en coche sino sólo para comprobar de primera mano cuál es la situación. Ante la fachada principal del Hospital, en la primera curva tras la rotonda, tres todoterreno acaparaban la acera, haciendo imposible el paso a los peatones. No resulta tranquilizador imaginarse a cualquier persona con silla de ruedas o con un carrito para bebés teniendo que caminar por la carretera con cuidado por si aparece algún vehículo de frente. La situación es tal que los propios guardias de seguridad intentan decir a la gente dónde aparcar en doble fila, incluso en la zona reservada para personal. Eso sí, no hay párking santiagués más vigilado que el del Clínico. Además de los tres guardias de uniforme, cada cierto número de coches hay una persona. Son los conductores de alguno de los vehículos que están pendientes por si aparece un sitio o por si llega un conductor al que molestan. El tráfico es muy denso. Todo el mundo circula muy despacio, esperando cualquier descuido para abalanzarse sobre una plaza libre. Un coche que estaba completamente subido a la acera se va y tiene tres candidatos a ocupar su lugar. Constantemente se están creando nuevas plazas. Allí llega un conductor y, cuando ve que la distancia que hay entre dos filas de coches aparcados es muy grande, deja el suyo situado justo en el medio del carril, procurando que pueda pasar un turismo por cada lado... más o menos. El que va detrás aprovecha y sitúa el suyo inmediatamente a continuación. Así se crea una nueva fila de coches aparcados que va tomando forma. También en el helipuerto La desesperación de los conductores -aunque quizás en este caso sea más la picaresca- llegó al extremo el jueves con uno que intentó meter su coche en el helipuerto. Claro, éste es un gran cuadrado de hormigón con un círculo central donde, supuestamente, aterriza el helicóptero. Pero el conductor, ni corto ni perezoso, lo vio muy claro y pretendía dejar su turismo estacionado en una esquina, que total, ni el helicóptero anda mucho por allí, ni lo molestaría aunque anduviera. Lo realmente grave del asunto es la desesperación real que viven muchas familias que quieren dejar o visitar a sus enfermos y lo tienen francamente complicado. El Hospital compostelano da cobertura a mucha gente de la comarca. Por eso hay quien prefiere ir muy pronto por la mañana y esperar durmiendo en el coche hasta la hora de la consulta. Alternativa La gran alternativa al aparcamiento es la leira-párking cercana al recinto. 1,50 euros por dejar el coche el tiempo que sea. Unos 200 hay allí, perfectamente ordenados, lo cual contrasta con el Hospital. Pero ¿es legal? Los carteles de «aparcadero garaje» son grandes. Además, vemos que un coche de la policía local pasa por allí y no dice nada. Todo correcto. El que lo tuvo fácil el jueves fue un chaval que llegó en bicicleta. La ató con un candado a una señal y se fue.