TERRA E XENTE- | O |
23 sep 2006 . Actualizado a las 07:00 h.DICEN QUE Juan el Bautista fue llamado «la voz del que clama en el desierto». Debo aclarar que cuando hablo de Juan el Bautista no me estoy refiriendo al veterano alcalde de Camariñas, sino al personaje bíblico que asqueado, tal vez, por las acciones de sus paisanos se instaló en el desierto de Judea con un taparrabos de piel de camello por única vestidura y algo de miel como alimento básico. Algo así como el alemán de Camelle del siglo cero, pero con un final distinto, pues al Bautista el reyezuelo de turno le mandó a cortar la cabeza de un solo tajo y al de Camelle los de ahora lo están matando lentamente y por segunda vez, con el increíble abandono de su legado. Nada, que el progreso también aporta nuevos métodos, menos sangrientos, eso sí, para anular a los indeseables. Bueno, a lo que iba, que tanta divagación no hace ningún bien a nadie. El Manfred del siglo cero era «la voz del que clama en el desierto». ¿Por qué? Claro está: porque gritaba verdades que nadie quería escuchar. Pocos están satisfechos con la marcha de los asuntos generales dela Costa da Morte y por lo general se le achaca la responsabilidad del ancestral atraso a todos los gobiernos del Estado español, desde Felipe II (no el socialdemócrata, sino el rey absolutista) a la fecha. Esa es la cortina de humo. La verdadera causa del atraso y de las desgracias que sistemáticamente sacuden a esta comarca está en el desamor que una parte significativa de sus habitantes tiene por sus propias raíces, por lo que es suyo y de todos. Es que muchos de nuestros paisanos piensan demasiado con el estómago y demasiado poco con el corazón. Por eso se suceden los incendios provocados, canteras devoran penedos singulares y cientos de mámoas duermen el sueño eterno, la especulación inmobiliaria suplanta al trabajo esforzado, etc, etc... Y mientras estas cosas ocurren alguno hay que clama en su interior porque una nueva marea negra le traiga generosas subvenciones y otros habrá que se hacen los ciegos-sordos-mudos cuando los fardos de algún alijo les pasan por delante. Con tales truenos... Un concejal, de esos que llevan 20 años cosechando infartos desde la oposición, cuenta que, a pesar de su ateísmo, hace dos noches se le apareció en sueños un ángel de blancas vestiduras y emplumadas alas. El ángel atravesó la cerrada ventana de su habitación, aleteó un rato, se sentó en el lecho y, poniendo una de sus alas en la cabeza del concejal le dijo: «Ten cuidado, amigo, con esos enfrentamientos tuyos con el poder; que en esta tierra el que se mete a redentor termina crucificado. Te lo digo yo, que conozco bien el tema». Y, mientras el ángel disertaba, la sufrida esposa del agobiado concejal roncaba como una bendita.