Reportaje | La lucha contra el peaje
24 ago 2006 . Actualizado a las 07:00 h.En la Edad Media, los señores feudales se situaban en las puertas de las ciudades los días de mercado y allí mismo le cobraban a los comerciantes un porcentaje de sus productos. Era el impuesto para dejarles hacer sus negocios. Los habitantes de la Costa da Morte deben pagar también su tributo si quieren acudir a A Coruña. Las críticas a las célebres casetas naranjas se han sucedido a lo largo de los años. No hay ni un partido político ni un asociación de lo que sea que no haya expresado su deseo de que desaparezca el peaje. Nacionalistas y socialistas llevaba la supresión entre sus principales actuaciones, pero la cosa, parece ser, se les truncó, porque las barreras siguen en su sitio, bien visibles, para recordarle al conductor que gozar de una vía de comunicación digna cuesta dinero. Y cada día más. Ir y volver de Carballo a A Coruña sale por cuatro euros. Al problema económico hay que sumarle, además, que en sólo 32 kilómetros de trazado hay que parar dos veces a abrir la cartera. La liberalización de los peajes de Rande y A Barcala fueron dos gotas que colmaron el vaso: la Xunta y el Estado pagaron de sus propios presupuestos la supresión de las muy criticadas casetas situadas cerca de Vigo y de A Coruña. Pero nadie se acordó entonces de liberar de barreras la AG-55. «Agora, ademais de pagar a autoestrada de Carballo -decía recientemente en tono sarcástico el alcalde de Cee, Antonio Domínguez- temos que pagarlle tamén, cos nosos impostos, a peaxe aos de Vigo e A Coruña». La supresión del peaje fue una de las peticiones más repetidas después del accidente del Prestige. No había propuesta que no se hablase de ese asunto como una de las claves para hacer atractiva la comarca a la instalación de empresas en la zona. Pero no hubo forma. Los miles de millones de euros del PP de entonces, y los más de 500 del bipartito de ahora, nada resolvieron sobre la cuestión, y la historia sigue, con peaje, su curso. Mientras, la única alternativa a las casetas es doblar el tiempo de viaje por la antigua carretera, con sus clásicos atascos en las horas punta. Ni los 3.000 apoyos dados en el 96 contra el peaje, ni las 20.000 pesetas aportadas, una a una, por otras tantas persnas ese mismo año, ni las 11.000 firmas del 96 han logrado que las barreras se levanten.