ARA SOLIS | O |
06 jul 2006 . Actualizado a las 07:00 h.NO ES nada fácil, en los tiempos que corren, acceder a un puesto de trabajo. Hay colectivos que lo tienen especialmente difícil, como las mujeres, los inmigrantes o la población marginal. Tal vez por ese motivo, las Administraciones destinan para ellos la práctica totalidad de las iniciativas de inserción que llevan a cabo. Pero la discriminación positiva está muy bien hasta que se convierte en discriminación negativa. Algo así ha sucedido con el proceso de selección de los participantes en el curso de instalador de energía solar promovido por la Diputación, dentro del programa europeo Proximitas Plus, en el municipio de Carballo. En la convocatoria pública del módulo se establecían una serie de requisitos que debían cumplir los alumnos y algunas condiciones que se tendrían especialmente en cuenta, como el hecho de pertenecer a un colectivo en riesgo de exclusión o de tener estudios relacionados con la materia. También se informó a los solicitantes, por escrito, de que serían convocados para una entrevista personal previa al proceso selectivo, y de que el curso comenzaría en la segunda quincena de junio. No sólo no ha empezado, sino que al menos algunos de los inscritos no han tenido más noticias del Proximitas Plus, hasta que ayer, decididos a ver qué pasaba, fueron informados de que la selección ya se había llevado a cabo según un baremo del que no hay ningún tipo de información y que, desde luego, no constaba en la convocatoria. Hay incluso quien ha sido excluido simplemente por tener un título universitario, un requisito que hubiera superado sólo con no presentarlo. No dudo, en absoluto, de que la selección ha sido objetiva. Pero, desde luego, la forma de llevarla a cabo no ha sido en absoluto adecuada. Cuando se habla de trabajo no se puede tener a la gente esperando algo que no va a llegar. Si los responsables estuviesen en el paro sabrían de qué hablo.