ARA SOLIS | O |

19 jun 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

NO SÉ si habrán leído Bala Perdida , de Manuel Rivas. Es una divertidísima historia protagonizada por un pirata honrado y una periodista, Rosa Ribeiro O¿Flaherty a la que, según comenta en un momento del libro, sólo le gusta escribir historias con final feliz. Siempre me ha gustado este cuento, quizás porque a mí, como a Rosa, también me duele en el alma tener que publicar historias que acaban mal. Este fin de semana fue realmente duro. Para desgracia de todos, pero sobre todo para tres familias de Borneiro, tres chavales han vuelto a quedarse en las carreteras de la Costa da Morte. La peor historia que cualquier periodista tiene que contar. La noticia que jamás querría dar y que, desgraciadamente, no para de repetirse. Para aquellos que los querían ya no habrá consuelo, y supongo que poco les importará que digamos desde aquí que ojalá jamás vuelva a ocurrir nada semejante y que, como Rosa Ribeiro, sólo tengamos que escribir noticias felices. Pero no va a ser así. Los medios de comunicación vamos a seguir mostrando titulares que nadie querría leer. Unas veces por mala suerte y otras porque se lo buscan. Como ese chaval de Dumbría que el domingo por la mañana, apenas 24 horas después del accidente de Fornelos, pasó como una bala por la AC-552. El radar lo pilló y se dio a la fuga, pero su escapada acabó contra un árbol. Las pruebas de la Guardia Civil demuestran que iba con más alcohol en sangre del permitido. Afortunadamente a este chaval no le pasó nada. Pero podría haberle ocurrido. O a su acompañante. O a cualquier peatón que en ese momento hubiese intentado cruzar la calle. O a otro conductor que se hubiese cruzado en su camino. La Guardia Civil lo empapelará . Y me alegro. Pero sobre todo, y a pesar de sus imprudencias, me alegro de que siga vivo. Porque a mí también me gustan las historias con final feliz.