Esperanza

ARA SOLIS | O |


LOS NIÑOS del colegio Cabo da Area de Laxe me han llenado de esperanza. Durante seis meses han currado como jabatos para sacar adelante una original cooperativa que ellos solos han ideado y sacado adelante. Sin haber llegado a la adolescencia han demostrado que el trabajo da sus frutos y que no hace falta ser Albert Einstein para tener un trabajo digno.Vale que, de lejos y sin interferir, estuvieron vigilados por sus profesores que, sospecho, hoy deben de estar mucho más esperanzados que yo, pero lo cierto es que el éxito cosechado ayer en el mercadillo de Laxe es exclusivamente de los pequeños. Quizás mucha gente se acercó al puesto por simpatía, para comprobar cuál había sido el resultado del ingenio de esos menores de edad. Pero por simpatía no se gasta dinero y ayer la caja de Rarous no paró, para agobio del tesorero, de abrirse y cerrarse. Algo me dice, y eso es lo que me llena de esperanza, que estos 25 chavales sabrán, en el futuro, sacarse las castañas del fuego. Con un poco de suerte, que siempre hace falta, la experiencia que han vivido durante este curso les servirá para, si algún día se lo proponen, montar cualquier empresa con futuro. Ojalá no olviden todo lo que han aprendido y que cuando crezcan sigan siendo tan espabilados como lo han sido hasta ahora. Y que si llegado el día optan por estudiar una de esas carreras con pocas salidas profesionales, no se desesperen, que recuerden todo lo que han hecho hasta hoy y, con valor, se animen a montar su propia empresa. Algo me dice que serán ellos -y otros niños como ellos de toda la comarca- los que, por fin, se encarguen de modernizar la Costa da Morte. Y eso me llena de esperanza. Deberían tomar buena nota algunos adultos que todavía hoy lloran por las esquinas pidiendo subvenciones para sabe Dios qué.

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