NÁUFRAGOS DE ANTAÑO | O |
01 jun 2006 . Actualizado a las 07:00 h.ACOMPAÑADO POR unos amigos de la George Borrow Society he vuelto a la Costa da Morte. Me ha satisfecho ver el arreglo de la pista que recorre el paisaje de ensueño de la ensenada de Trece y sus alrededores. El Cementerio de los Ingleses ejerce una atracción magnética sobre mi espíritu desde que reconstruí minuciosamente el naufragio del Serpent y de otros barcos del siglo XIX. Quizá sienta una excesiva pasión por la corrección de la información que los paneles restaurados ofrecen al visitante, pero es decepcionante comprobar que se reproducen viejas inexactitudes ignorando las aportaciones documentadas de un libro, Náufragos de Antaño , que ya lleva cuatro años y pico en las librerías. Hubiese bastado una somera lectura del capítulo dedicado al Serpent para ofrecer una información más exacta, detallada e interesante al visitante. Por ejemplo, el nombre del tercer superviviente era Luxon, no Lacsne. El número de cuerpos enterrados fue de 142, y no de 172, que fue el número de víctimas. Los cuerpos de treinta marineros nunca fueron recuperados. El Serpent no era un buque escuela, ni un acorazado, sino un crucero torpedero. Se podrían haber señalado rasgos curiosos de la construcción, como los restos del muro que separaba a los católicos de los protestantes, o haber mostrado el verdadero color del buque en el momento del naufragio, que era el blanco para reducir su temperatura interior al ser destinado a África. Las dos mitades del mascarón También sería interesante comentar el descubrimiento de que la mitad del mascarón de proa se conserva en Galicia y la otra mitad en Inglaterra, como comprobé con el almirante inglés David Pulvertaft hace dos veranos. Finalmente el texto inglés repite el error hilarante para el lector inglés de traducir los bolillos o palillos con los que se elabora el encaje de Camariñas como toothpicks , que en inglés significa palillo mondadientes(¡!). La expresión correcta para encaje de bolillos es bobbin lace . No se ha vuelto a saber nada del proyecto cuya idea lancé en otoño y que dio lugar a un movido debate de erigir en Punta Boi un Monumento al Náufrago. Confieso que es una idea que propuse no sin temor; el temor no infundado a que un lugar tan hermoso y tan entrañable para mí personalmente, pudiese ser afeado por un adefesio vulgar y prosaico. Sin embargo, creo que una creación integrada con la mar, las rocas y los barcos podría resaltar la belleza y el romanticismo de un lugar maravilloso.