Tradición panadera

JOSÉ RAMÓN INSUA TRAVA

CARBALLO

CRÓNICAS DE FISTERRA | O |

30 mar 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

EN EL año 1750, según el Catastro de Ensenada, no había en Fisterra ni una sola panadería, y eso que la citada fuente nos informa de que se cultivaba trigo, maíz, painzo y centeno. Debemos suponer -especialmente en las aldeas- la existencia de hornos caseros, y el trueque de pescado por pan ayudaría a resolver este problema. En el siglo XIX, Germán Rivas crea la primera panadería fisterrá, en el Cabo da Vila, ayudado por su hijo, llamado también Germán Rivas. El negocio produce poco y acaba cerrándose, por cuya razón el joven Germán trabaja durante cierto tiempo en una panadería de Corcubión y enseña el oficio a Ramón de Sardiñeiro. Así las cosas, emigra a Cuba, donde perfecciona sus conocimientos al seguir trabajando en su profesión de siempre, y a su regreso funda la actual panadería Germán. Servicios Para entonces ya existía en la villa la poderosa compañía La Competidora, que dirigían Ramón Romero y Belarmino Castiñeira, casado con una hija de Ramón. Entre los diversos servicios que prestaba incluía la fabricación de galletas y pan. Para la realización de esta actividad contrató a Jacobo Mariño, de Carballo, que se casó en Fisterra, y de cuyo matrimonio nacieron varios hijos panaderos de profesión, excepto Manuel, que se hizo funcionario. Por estas épocas se crean las panificadoras de Carlos Mariño, Lola Mariño, José Velay, Matías y Anita Rivera, señora a la que también pertenecía la casa donde estaba ubicado O Cristiño, sostenido por un aparente gran cubo sólido relleno de piedras. La cruz del Cristiño fue trasladada al Ayuntamiento, mientras una pala derribaba lo que quedaba de la casa en la que estaba el Cristiño y otra más ubicada detrás de ésta, obteniendo un solar más amplio sobre el que se levantó un comercio. La curiosidad está en lo que se creía que era un patio bien relleno de piedras y sobre el cual estaba dicha cruz. En realidad estaba hueco por dentro, al tener la primitiva planta forma de rectángulo y cuadrado, estando éste en el sur del edificio, dividido a su vez en planta baja -con puerta de entrada- y sobrado, al que se accedía por unas escaleras ubicadas en el muy interesante callejón de los Pesadoiros. Mientras tanto, la viuda de Paz y los Sendones abastecían de dulces a la villa.