Rocas que hacen leyenda

Manuel Sánchez Dalama CARBALLO

CARBALLO

Reportaje | El patrimonio natural Los Penedos de Traba y Pasarela son insólitas formaciones graníticas en las que es posible descubrir originales representaciones de figuras humanas y de animales

04 mar 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

En ocasiones es preciso alejarse un tanto de los elementos que forman parte de nuestra vida cotidiana para poder apreciarlos en toda su magnitud. En plena Costa da Morte, y abrazando al mítico valle de Traba, se encuentran los Penedos de Traba y Pasarela, insólitas formaciones graníticas que, estudiadas en toda su dimensión paisajística y arqueológica, poco tendrían que envidiarle a lugares que reciben cientos de miles de visitantes al año, como son la irlandesa Calzada de los Gigantes (considerada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco) o las extraordinarias formaciones rocosas del Parque Nacional de Arches, en Estados Unidos. Sin embargo, pocos parecen prestarle atención en nuestra tierra a la conservación de un entorno que constituye parte importante del potencial turístico y cultural de la Costa da Morte. Los Penedos son enormes bloques sueltos de granito, de unos 280 millones de años de antigüedad, en los que la erosión ha dado lugar a formas en las que es posible descubrir, sin mucho esfuerzo, a originales representaciones de figuras humanas y animales. Muchas de estas gigantescas esculturas naturales están ubicadas al borde mismo del abismo o cabalgando unas sobre otras, apoyadas en el suelo con ayuda de piedras sueltas que bien pudieran ser el fortuito resultado de la acción de los elementos o el fruto de la mano del hombre primitivo, cuya concepción del mundo incluía la adoración de las piedras. Lo cierto es que la mayor parte de estas rocas que hoy nos asombran no aparecen catalogadas en las guías turísticas, siendo conocidas apenas por algunos entusiastas escaladores. Otros de estos penedos aún esperan por su descubridor, pues es el propio visitante quien debe encargarse de hallar y nombrar a las variopintas figuras que sugieren estas rocas. Ascendemos hasta la cumbre de tres de los penedos cercanos al poblado vimiancés de Pasarela: la Cachucha, la Torre da Moa y Pena Forcada, situados todos a poco más de 270 metros de altura sobre el nivel del mar. La Torre da Moa . En la Torre da Moa abundan los bloques graníticos de caprichosas formas, estando la cumbre de este monte coronada por un penedo de extraordinarias dimensiones llamado A Moa. En la roca que sirve de asiento a A Moa encontramos una hendidura (A Cova o Capela dos Mouros) en la que aún hoy es posible hallar restos de cerámica y conchas marinas. Especulaciones arqueológicas aparte, lo cierto es que desde lo alto de la Torre da Moa se goza de una inmejorable vista del valle de Traba y esto, unido a las sugerentes formas que allí toman los bloques de granito, convierte la visita a este penedo (y a los de la cercana cumbre de Pena Forcada) en una experiencia que siempre se desea repetir. Es que estas rocas son más obra de arte que azar de la naturaleza, y en ello radica su magia. En la cúspide de la Torre da Moa, con todo el valle de Traba a sus pies, se encuentran las que -en 1975- el investigador Pedro Marfany señalara como piletas de sacrificio castreñas o romanas, con canales de desagüe que vierten en el cercano precipicio. También en esa zona, el entonces joven escalador y hoy empresario, José Manuel Lema, encontró restos humanos y arqueológicos de indudable antigüedad. Luego, nunca más se ha investigado el lugar. La polémica acerca de la ubicación en estos penedos de alguna de las famosas Aras Sextianas mandadas a erigir por el emperador Augusto aún no está zanjada, ni el lugar convenientemente estudiado, pero nadie niega la existencia en la zona de dólmenes y castros en los que habitaron antepasados que intuían dioses en la naturaleza, y a ellos hacían sacrificios ¿Por qué intentar, hoy, descifrar estos enigmas cuando es precisamente el enigma quien genera la emoción? La Cachucha es un monolito de grandes dimensiones cuya silueta recuerda a una gorra de visera, claramente visible desde el pueblo de Pasarela. Este penedo está muy cerca de la conocida Pedra da Barca y de un posible campo de mámoas, lo que le otorga un indudable valor arqueológico al lugar. Hasta la misma base de La Cachucha han llegado las perforaciones de una cantera cuyos trabajos, de momento, están detenidos. Pena Forcada . Estas rocas son más obra de arte que azar de la naturaleza. Son arte por lo que nos sugieren y porque son el vital resultado de las fuerzas que dan vida al universo. Las musas de la imaginación viven en estas piedras brutas que surgieron a la luz hace millones de años, talladas por el cosmos y retocadas, quizá, por las manos de los primeros seres humanos, que vieron en ellas a lo único perecedero en un mundo harto frágil y pasajero. Viven esas enormes piedras literalmente separadas unas de otras, como con vida propia. Y cada una de ellas parece querer decirnos algo diferente a cada uno de nosotros. Allí veo la noble cabeza de un músico donde mi compañero de aventura vislumbra mariposas presta a volar por la pendiente. Pero ambos, cada uno a su manera, quedamos prendados -enamorados- de la mágica piedra. ¿Qué genio humano puede esculpir algo así? En ocasiones conviene hacer un alto en la ruta que nos incitan a seguir y mirar a lo lejos, o mejor aún, mirar hacia adentro para confirmar si el que hacemos es en realidad nuestro personal camino. Quien, un día, crea que debe hacer un alto en su marcha debería pulir su voluntad ascendiendo a estos montes no domesticados, observar desde la cumbre la pequeñez de lo que creía inmenso y confraternizar con las arcanas estatuas que el tiempo ha tallado. Debería también intimar con el impredecible mar que baña estas costas, dialogar con las mareas, nadar en la niebla, percibir el lento paso del tiempo mientras el sol avanza por el firmamento. No hace falta mucho equipaje, más bien conviene aligerar la mochila y sentirse por unas horas como el primer y único ser de la creación. Tampoco hacen falta maestros que indiquen cómo y adonde se debe ir. Quien quiera penetrar el alma de estos parajes no necesita más guía que su corazón, desnudo y libre.