ARA SOLIS | O |
03 mar 2006 . Actualizado a las 06:00 h.QUEDAMOS en que el antroido era un tiempo de transgresión, una fiesta recuperada tras años de prohibición y quizá por eso quienes la entienden son, precisamente, los mayores. El disfraz de monjas preñadas que se pudo ver en la fiesta montada por el Concello de Carballo en el polideportivo Bergantiños es, precisamente, la esencia del antroido. Pero lo que no hicieron cuarenta años de franquismo y monopolio de la más rancia iglesia católica lo hará los claustros de los colegios en general en connivencia con los ayuntamientos Resulta que ahora el carnaval en Carballo consiste en que los profesores piensen un disfraz, uniformen a los niños, pongan a coser a las madres y se encuentren todos en la plaza do Concello cortando el tráfico un viernes por la mañana, previo, además, a cinco días sin clase. Al margen de la toma del centro del pueblo en un día laborable y lectivo me temo que la manía de uniformar a los niños sin tener en cuenta su opinión es general. Para muchos pequeños, la supuesta fiesta de carnaval que los colegios celebran en horario de clase es una tortura. Algunos se encuentran ridículos con los disfraces, a otros simplemente les molestan y la mayoría sería mucho más feliz si nadie le dijera de que se tienen que vestir. ¿Cuál es la finalidad pedagógica de todo ello? ¿Qué aprenden los niños elaborando los atuendos? Pero lo que es aún peor, ¿qué aprenden si se los tienen que hacer sus madres o unas costureras contratadas? ¿Lo pasan bien los niños cuando sus maestros les trasladan a la plaza o cuando deben tomar a toda prisa un chocolate para cumplir el horario? ¿Qué tal si sólo ponen música, reparten un refresco y los niños se disfrazan de lo que apetezca mientras juegan con sus compañeros? A lo mejor es una buena idea. Queda un año para pensarlo.