Mercadillo en la playa

| EDUARDO EIROA |

CARBALLO

PASABA POR AQUÍ

20 feb 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

ESTÁ MAL desear naufragios a nadie. Pero estos días los hay que, al menos, se congratulan de ciertos desprendimientos de carga. La Costa da Morte es incapaz de dejar de sorprender. La última fue la llegada imprevista de objetos de todo a cien. Cestos, mochilas más o menos cutres y carteras de baratillo. Vamos, todo lleno de esa quincalla que cambiaban por oro los colonos a los indígenas de las colonias. Con todo, también el asunto es digno de reflexión: ya de haber un accidente, bien podría haberle ocurrido a un barco de la Reserva Federal de los Estados Unidos, por poner un ejemplo. Otro gallo cantaría si anduviéramos por las pozas y las playas apañando con trueiros fajos de dólares. Una marea verde para compensar la dureza de la negra. Pero seguro que esas cosas pasan en la costa catalana, o en la vasca. Aquí hasta en la buena suerte la tenemos mala.