ARA SOLIS | O |

10 feb 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

OCURRIÓ AYER y fue real, así que no me tomen en broma ni piensen que me estoy inventando una anécdota escatológica por aquello de que la caca-culo-pis siempre ha hecho mucha gracia. Lo que vi ayer, a mí no me la hizo. Ocurrió en Carballo, justo a lado de la ludoteca municipal. En el jardincillo que los empleados municipales cuidan con esmero. Eran casi las siete de la tarde y mientras los niños disfrutaban con un obradoiro de máscaras y los mayores paseaban por la plaza, un hombre que llevaba a su hijo pequeño de la mano decidió que el jardín era el mejor lugar para vaciar la vejiga. Y, ni corto, ni perezoso, el muchacho, sin soltar de la mano a su niño, se bajó la bragueta y jugó con su puntería mientras le contaba algo al pequeño -«soy un machote, un cerdo, pero un machote», me imaginé que decía-. Como el chaval miraba sin inmutarse, y seguía comiendo gusanitos, supuse dos cosas: o bien no le impresionó la hombría de su padre, o había sido testigo tantas veces de la misma escena que ya no era consciente de que lo que hacía aquel guarro que le había tocado por papá era una cochinada. Para rematar la faena, el hombre, en cuanto acabó su tarea y se subió la bragueta, metió la mano en la bolsa de gusanitos de su hijo y se llevó un puñado a la boca. Les aseguro que fue real. Tan real como la señora a la que, también ayer, uno de mis compañeros le llamó la atención por arrojar un papel al suelo. «Señora, se le ha caído algo», de dijo con ironía. Ella ni se sonrojó, al contrario, sonrió y le corrigió: «No me ha caído, lo he tirado». Y siguió paseando, tan tranquila, sin pararse a pensar que el Concello de Carballo ha plagado el parque de papeleras para que se utilicen, no como elemento decorativo. A ella deberían descargarle el camión de basura en la puerta de su casa. Y a él, mearle en su jardín. Por cochinos.