ARA SOLIS | O |
06 ene 2006 . Actualizado a las 06:00 h.NO NOS engañemos, en Navidad siempre se regalan cosas inútiles. Vale que lo que cuenta es la intención, pero si esto fuese realmente así, el 90% de los comercios tendrían que cerrar porque, ¿que hay más barato y bienintencionado que un beso o un abrazo? Un achuchón bastaría para demostrar lo mucho que nos queremos en estas fechas. Y tan barato. Pero no. Nos empeñamos en hacer regalos. Nos ponemos de mal humor por tener que guardar cola en los comercios, por gastar más de lo que deberíamos y por perder el tiempo de tienda en tienda. Paradójico. ¿Si es una pérdida de tiempo por qué lo hacemos? Y no hay más que ver los contenedores de basura con los envoltorios vacíos para darnos cuenta de que la mayor parte de los presentes no sirven para nada. ¿Para qué quiere alguien una docena de corbatas, pañuelos, guantes o bufandas? ¿Tan importante es un exprimidor eléctrico exclusivo para paraguayos? ¿Por qué cuando hacemos regalos no nos paramos realmente en pensar a quién vamos a agasajar? Les aseguro que eso acabaría con muchos problemas. El primero, tener que fingir que nos gusta cuando rompemos el papel. El segundo, conseguir el valor para reconocer que lo vamos a cambiar. Y el tercero, volver a hacer cola en el comercio de turno para canjear el regalo en cuestión por otra cosa. Muchos aseguran que lo que vale es el detalle, la sorpresa. Que si se preguntase al homenajeado lo que quiere, el regalo perdería la gracia. Que más vale fallar que no hacer nada. Lo que vale es un buen achuchón. En serio.