ARA SOLIS | O |

04 ene 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

PARQUES INFANTILES, sí. No andamos sobrados de los otros, los más verdes. Un día como hoy, de angustia (económica, según los casos) paterna para lograr la dicha infantil en la mañana de mañana, es bueno echar un vistazo al curioso mundo de los parques infantiles. Por ejemplo, de uno que le cae cerca a servidor de ustedes, en Entrecruces, en la misma Baixa. Modesto como él solo, sencillo, pequeño, a cuatro metros de un río con unos molinos -que si se restaurasen y se tapasen las cañerías del agua harían de aquello la envidia del conjunto de Toba-Cee- está sin mobiliario. Sin los dos columpios, el tobogán, sin el objeto de nombre raro. Este parque quedó desnudo a poco de empezar las clases de la escuela infantil anexa. Sería por septiembre. Fue una buena decisión: el material estaba en tan mal estado que la inminente presencia de los críos aconsejaba su desalojo. Vale. Pero, ¿no podría haberse hecho antes de comenzar el colegio? Por aquello de la coherencia en el calendario. Para que los trece o quince chavales aprovechasen un poco más sus recreos, sus ocios matutinos. En fin, que pasan los meses y aquello sigue como estaba. A ver si hay suerte y les colocan los juegos justo a punto de acabar las clases. Con la de problemas que hay que solucionar en el mundo, en la comarca, en Carballo, esto parece una menudencia. No parece: lo es, aunque sólo sea porque sus protagonistas son los más menudos. Pero es una menudencia molesta, que tal vez se repita en otras unitarias de la zona por descoordinación o imprevisión municipal. En otros tiempos, aquellos en los que seguramente ustedes y desde luego servidor de ustedes se crió, una piedra era una bola, y dos, una portería. Tres, una montaña, y la arena, el Far West . Los columpios, en los salgueiros . Y daba igual. Los tiempos de hoy son otros. También las necesidades y los impuestos. Felices Reyes.