Meigas en la ruta del volframio

CARBALLO

En directo | En la visita al monte Neme Uno de los pocos círculos líticos que se conservan en Galicia, amenazado por las canteras, sobrevive entre antenas, vertederos, camiones, eucaliptos y viejas minas

29 oct 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

En la cima del monte Neme, rodeado por las canteras que estuvieron a punto de destruirlo y semioculto entre la maleza, se conserva uno de los pocos círculos líticos de Galicia, la Eira das meigas , en la que dice la leyenda que se celebran los aquelarres en la mágica noche de San Xoán. El enclave no tiene pérdida. Desde Cances, siguiendo la ruta de los camiones que transportan la arena de las canteras, o desde Razo, por una pista apta para turismos, basta con seguir la línea ascendente de la ladera. Y en ambos casos es posible encontrar todavía huellas de las antiguas minas de volframio. Eso era lo que iban buscando ayer los participantes, una treintenta, en la visita al monte Neme con la que se clausuraron las jornadas de memoria local organizadas por el Concello de Carballo y la Asociación Socio-Pedagóxica Galega (AS-PG). Pero el fuerte viento y la intensa lluvia obligaron a recortar el trayecto con la esperanza de repetirlo en una época de mayor benevolencia climática. El autobús enfiló hacia la cumbre desde Cances. La pista, deteriorada por el continuo tránsito de vehículos pesados, está flanqueada por amplias zonas arboladas de eucaliptos y pinos, muchas de ellas de reciente reforestación. Carmen Basalo y Manuela Lago, antiguas trabajadoras de las minas, que compartieron con el historiador Xan Rodríguez Fraga la tarea de guías, señalaban a través de la ventanilla la ubicación de algunas de las galerías en las que trabajaron tantos hombres y mujeres de la zona durante buena parte del siglo pasado, pero a las que actualmente es casi imposible acceder porque las entradas han sido tapiadas o taponadas por la maleza. Restos de piedra Así que hubo que conformarse con ver, desde la pista, los restos de las antiguas minas que explotaron «Rosendo e Alberto, o Portugués» en los años 50, en la zona de A Braña. En ellas trabajó Carmen Basalo, que explicó que los muros de piedra que se conservan, ya derruidos, entre los árboles correspondían a la casa de los vigilantes y los encargados y a los almacenes en los que se guardaban el mineral y las herramientas. A medida que el autocar fue ascendiendo empezó a verse el mar. La vista desde lo alto del monte Neme es espectacular: las islas Sisargas, el cabo de San Adrián, la playa de Razo, la marisma de Baldaio y, más a lo lejos, el cabo Prior, todo al alcance de la mirada incluso en días lluviosos como el de ayer. Pero el entorno contrasta con las excavaciones para la extracción de arena, que han convertido algunas zonas del paraje en auténticos lagos; con las antenas de todo tipo que coronan la cima, con el vertedero de residuos de la construcción que nunca llegó a entrar en funcionamiento y con anárquicas casetas que pueblan las laderas. Los caminantes sustituyeron el negro y pesado volframio por las piedras que integran el círculo lítico, que pasaría inadvertido para los profanos de no ser por una rústica señal de madera que indica su emplazamiento. Xan Fraga explicó que es «practicamente o único cromlech que queda en Galicia, e está nunha especie de illa porque fixemos xestións para que as canteiras non acabasen con el». Para evitar, precisamente, que todo ese patrimonio acabe por desaparecer, el historiador carballés hizo una propuesta a la concejala de Cultura, que también realizó el recorrido, para crear una ruta del volframio que permita recuperar, identificar y acondicionar los restos de edificios que aún se conservan en lugares como A Braña o las denominadas «casas dos asturianos», que jugaron un papel muy importante en la época de Jacinto Amigo Lera y que permanecen prácticamente inalteradas en la zona más próxima a Razo, a la que ayer no fue posible acceder. El complemento sería la creación, en el Museo de Bergantiños, de una sala dedicada al volframio, un proyecto que ya tiene el visto bueno del gobierno municipal. Y, además, Xan Fraga lanzó la propuesta de convertir la cumbre del Neme en un centro de interpretación comarcal, eso sí, con el permiso de las meigas.