PASABA POR AQUÍ
30 ago 2005 . Actualizado a las 07:00 h.SOMOS MUY sensibles. Todo nos afecta. Al turismo, digo. Por más promociones que se hagan, si a la lluvia se le da por quedarse, no hay nada que hacer. Este año hubo suerte. Lució el sol y el turista, un animal que se deprime con los cielos encapotados, se dejó caer. Como suelen llegar de otros lugares, les cuesta más darse cuenta de la «desfeita». Están acostumbrados al paisaje de grúas de Madrid y Barcelona. Para ellos, dos árboles seguidos son ya un bosque. Además, encuentran sitio en la playa y el marisco, por mucho que suba, sale más barato que en la capital. Así que este mes, mes de balance, casi se tocó el techo de ocupación. Hubo días en los que encontrar una cama fue imposible. Así que a la hostelería no le fue mal. Si los del hormigón dominan su ímpetu la Costa da Morte puede todavía convertirse en un referente nacional del turismo de calidad. A ver si hay suerte.