ARA SOLIS | O |
04 jul 2005 . Actualizado a las 07:00 h.EL CONCELLO coruñés de Oleiros es una clara muestra de aquel dicho de que Vicente va donde va la gente. Para que se hagan una idea: entre A Coruña y el pueblo de Santa Cruz hay sólo diez kilómetros, una distancia que, en circunstancias normales, puede recorrerse en apenas veinte minutos. El problema es que en Oleiros nunca hay circunstancias normales y esos escasos veinte minutos pueden convertirse facilmente -doy fe- en hora y media. La carretera está en perfecto estado y cuatro rotondas, sí cuatro, regulan el tráfico entre los dos puntos. El problema radica en que ni cuatrocientas rotondas, ni siquiera una autopista podrían regular a los cientos de visitantes que prácticamente a diario se empeñan en tostarse al sol en algunas de las playas de la zona. Y no nos engañemos, los arenales de Oleiros son infinitamente peores que los de la Costa da Morte. La diferencia, sin embargo, no radica en la belleza de sus playas, sino en los servicios que ofrecen. En la inmensa mayoría -no puedo decir todas, porque no las he visitado, pero sí todas a las que he ido, y son muchas- el Ayuntamiento ha habilitado zonas de aparcamiento, urinarios públicos, juegos para los más pequeños y servicios de socorrismo. La limpieza es prácticamente diaria, están muy bien señalizadas y, además, cuentan con servicio de autobuses. Personalmente no entiendo cómo alguien es capaz de soportar casi dos horas dentro de un coche para disfrutar de un día al sol, pero sí sospecho por qué no se decantan por las de la Costa da Morte: la publicidad no ha funcionado y les faltan servicios. El turismo, por si no se habían dado cuenta, es una gran fuente de ingresos. Y si no me creen, dense una vuelta por Oleiros. Vale la pena, aunque tarden dos horas.