PASABA POR AQUÍ
14 mar 2005 . Actualizado a las 06:00 h.A VECES la Costa da Morte recuerda a esas extrañas excursiones en las que un autobús cargado de solterones talluditos desembarca en el clásico pueblo lleno de solteronas de igual condición. Me imagino que las señoras (o señores, no se ofenda nadie) se preparan a conciencia los días previos y abunda en el pueblo la crema depilatoria, los trapitos nuevos, la correcta higiene dental y esas cosas. Aquí, en cierto sentido, hacemos lo mismo con los turistas. Nos pasamos el invierno gozando, digamos, de costumbres más relajadas. Es decir, en zapatillas y dejando crecer el vello, hasta que se acerca la temporada turística y nos ponemos manos a la obra. Limpia playas, desbroza cunetas, acaba esas obras. Lo malo es que, como siempre, nos llega la Semana Santa y nos encuentra con una pierna peluda y la otra pelada. Así no nos vamos a comer una rosca. A ver si nos da tiempo a arreglarlo todo para el verano.