Cosas de la política

PEPA GÁNDARA

CARBALLO

ARA SOLIS | O |

15 nov 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

EN POLÍTICA, como en todas partes, hay profesionales buenos y malos. En la Costa da Morte hay honrosas excepciones en las que tanto los gobernantes como la oposición hacen bien su trabajo, por lo que da gusto seguir el devenir político que se cuece en esos concellos. Alcaldes preparados que saben moverse por el intrincado mundo de las Administraciones varias. Regidores que dejan a un lado intereses personales y que, dándonos el gusto a los ingenuos, luchan por su pueblo y sus vecinos. Mandatarios que hacen caso a la oposición (igual de preparada que ellos) y admiten sus consejos y propuestas. Pero en otros casos (demasiados, desgraciadamente), los políticos locales provocan vergüenza ajena. Asisten a los plenos sin leerse la documentación, protestan sin argumentos, desconocen las normas básicas de la educación, confunden el debate político con Salsa Rosa y aprovechan cualquier ocasión para minar los proyectos del contrario aun cuando éstos benefician a la comunidad. Lo más triste de todo es que esta especie sui generis del panorama político sale elegida año tras año. Se mantienen en sus sillones, cobran por asistir a los plenos y a las comisiones de gobierno, tienen dietas por desplazamientos y motivos varios, utilizan su posición para beneficio propio y en algunos casos incluso cobran un sueldo de escándalo por un trabajo que pocas veces desempeñan con acierto. Pero esto es culpa de todos. De todos aquellos que siguen votando a quien no lo merece, de todos aquellos a los que les interesa más que les asfalten su pista o les pongan una farola aunque el resto del pueblo se esté cayendo a pedazos. De todos aquellos que no ejercen su derecho de control. La culpa es nuestra.