Crónica | Rodeo porcino en Cabovilaño La fiesta tuvo que suspenderse porque los marranos no aguantaron el ritmo de unos impetuosos jóvenes que trataban de capturarlos y llevarlos al «tallo»
30 ago 2004 . Actualizado a las 07:00 h.?on sólo 70 minutos de retraso sobre el horario previsto por la organización comenzó el rodeo porcino de Cabovilaño, en A Laracha. Fue el domingo por la tarde, en el campo de la fiesta, transformado para la ocasión en un curioso coso semitaurino y circular, protegido en redondel con vallas metálicas, alguna con publicidad, y con pintoresco callejón de entrada para los gorrinos. Lo de semitaurino no es ocioso: «Tiñan que ser toros, cajona...», gritaba un espectador. Uno de muchos, porque pasito a pasito fueron llegando cientos que ocuparon el redondel y tupieron todos los huecos. «Traédelle xabaríns», señalaba jocosa una dama. «Daquela si que habían de correr», añadía la vecina, sin especificar si se refería a los mozos o a los animales. Lo más probable es que se refiriese a los jóvenes tentadores, los otros protagonistas de la tarde. Los organizadores estaban impresionados por la asistencia de público y por la de participantes: veinte parejas de toda la comarca, fácilmente distinguibles entre el resto por sus buzos de trabajo y, alguno, por pose de cow-boy, con sombrero y todo, y gran mostacho, detalle que lo distinguía del Llanero. Si el grupo Dilema, cuyo palco estaba al lado, llega a tocar algo de la Creedence, uno pensaría talmente hallarse en las llanuras de Oklahoma. Pero estaba en Cabovilaño, con la gente esperando a que saliesen los cerdos, untados de aceite y más interesados en la hierba del campo que en los comentarios de las msas. Y salieron. Detrás de ellos, las parejas. La primera erró en los cálculos y no cazó al gorrino con las manos para llevarlo al tallo , pero para las siguientes fue más fácil. Todo muy fácil, salvo para los sufridos animales. Ni las dos primeras marranas ni los tres gorrinos posteriores estaban preparados para que unos aguerridos jóvenes se les lanzasen encima y los llevasen en volandas hacia el aposento donde habitalmente se les clava el cuchillo. Hasta alguno perdió el resuello y la compostura y la cosa se suspendió. Dentro de un mes, o así, serán los protagonistas de una churrascada. Seguro que entonces no escapan cuando les echen mano. Triste vida, la de marrano, hoy en día.