Incrédula en la noche del albariño en Cambados

Cartas al director
Cartas al director CARTAS AL DIRECTOR

CAMBADOS

Copas de vino albariño
Copas de vino albariño MONICA IRAGO

Solo estábamos nosotros

Soy enfermera del Sergas y me dirijo a su periódico impulsada por la profunda frustración, el abatimiento y el agotamiento físico con el que el equipo sanitario del punto de atención continuada (PAC) de Cambados ha finalizado una guardia de más de 18 horas ininterrumpidas durante la fiesta del albariño.

Se había anunciado con notable despliegue mediático la puesta en marcha de un hospital de campaña financiado por el Ayuntamiento y pertrechado con material del Sergas. Dicha infraestructura tenía como fin atender las patologías menores derivadas del festejo —como intoxicaciones etílicas o pequeñas contusiones—, liberando así al PAC para la atención de urgencias de mayor gravedad, tales como síndromes coronarios, accidentes isquémicos, síncopes o la atención a personas mayores.

Lamentablemente, la realidad distó considerablemente de lo prometido. Al incorporarse el personal asignado a la carpa a las diez de la noche, manifestaron que su relación contractual se limitaba a una uvi móvil y rehusaron prestar servicio en la instalación provisional. A pesar de las reiteradas llamadas de auxilio realizadas tanto al alcalde como al concejal responsable, la respuesta institucional fue inexistente: nadie hizo acto de presencia y la carpa permaneció cerrada durante toda la noche.

Esta inacción obligó al personal de la sanidad pública a asumir en solitario una carga asistencial desproporcionada, llegando a situaciones límite de verdadero colapso. Resulta doloroso e incomprensible presenciar cómo los recursos públicos de los ciudadanos financian un dispositivo que terminó inoperante en la puerta, mientras los profesionales del Sergas trabajábamos sin descanso hasta el límite de nuestras fuerzas.

La ciudadanía y los profesionales sanitarios merecemos un compromiso ético que trascienda la mera propaganda. Es urgente exigir responsabilidad, coordinación y respeto hacia el dinero público y, muy especialmente, hacia quienes velamos por la salud de todos. Silvia Lema Pedreira. Cambados.

  Corridas de toros

Hace dos años fui a mi primera corrida de toros. Ver al torero frente al bravo animal despertó en mí emociones opuestas: desde una profunda tensión hasta respeto por el valor del hombre y admiración por la estética de la lidia, pero también un fuerte rechazo y tristeza al presenciar el sufrimiento del animal. Sus últimos estertores todavía los tengo resonando en mi cabeza. Fue la primera vez que acudí a una corrida de toros, pero también fue la última. No entiendo esta «fiesta», como tampoco el boxeo. Laura García. Pontevedra.