Orgullo

| EDUARDO EIROA |

CARBALLO

PASABA POR AQUÍ

02 jun 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

EL ORGULLO de los pueblos no se mide por la cantidad de obras que les plantan. Ni por la cantidad de subvenciones europeas mendigadas. El orgullo de pertenecer a un lugar lo tienen aquellos que sienten que con su esfuerzo su entorno mejora. Y para mejorar no hace falta rogarle a las grandes empresas una fábrica con unos salarios ridículos. Para salir adelante hace falta que las ideas salgan de la gente que nace en ese sitio, sintiendo desde jóvenes la necesidad de mejorar, de aportar algo que los demás no tienen. Es ese sentimiento de fuerza pujante el que crea conciencia de pueblo. Y eso no se consigue con autovías a palo seco ni con ayudas para desguazar barcos. Eso sólo se consigue con educación, esa cosa tan intangible de la que nacen las ideas. Mientras no se invierta en eso, el único orgullo que se sentirá en la Costa da Morte es el de tener el mejor marisco. No parece gran cosa.